Un cuento invernal
Los copos caรญan golpeando los cristales de la ventana; tan
intensa era la nieve que, desde su frรญa estancia, podรญa observar a los vecinos
afanรกndose cada vez con mรกs brรญo en quitar el blanco manto que, como un muro,
iba entorpeciendo la entrada a sus hogares. Unas casas que podรญa ver desde su
estancia adornadas, llenas del colorido donde la abundancia de la que ella
carecรญa parecรญa hacerle muecas, burlรกndose de su infortunio.
Risas y
algarabรญa se colaban a la par que el gรฉlido frรญo por entre las rendijas de
puertas y ventanas, que, aunque cerradas, dejaban entrar la frialdad que helaba
hasta el alma, atravesando la exigua manta donde trataba de arrebujarse en
busca de un calor que su cuerpo ya no albergaba. Sus heladas manos, embutidas
en raรญdos mitones, dejaban al descubierto sus huesudos dedos, que casi sin
fuerza intentaban sostener el tazรณn cuyo lรญquido aguado se asemejaba a una sopa
bien caliente, sustancia que entre tiritones procuraba llevar a sus lรญvidos
labios, en un esfuerzo por hacer que su cuerpo, al contacto con el escaso
alimento, entrase en calor.
En
ocasiones, un sofoco asfixiante recorrรญa todo su cuerpo, fruto de las altas
fiebres que venรญa padeciendo desde hacรญa ya, ni recordaba los dรญas que llevaba
soportรกndolas; mientras tanto, en sus oรญdos retumbaban los sonidos que venรญan
del mundo exterior, un mundo que le era ajeno con sus risas y sus cantos,
escenas de las que nunca fue partรญcipe, viendo la vida pasar siendo tan solo
una simple espectadora. Allรญ estaba en la penumbra de su casa, mientras el
soniquete de la mรบsica y las luces penetraban en su hogar, un ser invisible
para todos los que se encontraban demasiado ocupados con sus felices vidas, que
ni tiempo ni ganas tenรญan de dedicarle, aunque fuese una simple sonrisa.
Humanos falsos que alardeaban de su buena fortuna, sintiรฉndose los mejores
seres que existรญan porque en su vanidad, destinaban las migajas que les
sobraban a personas que ni sabรญan dรณnde se encontraban, mientras ignoraban el
dolor que existรญa al lado de su puerta.
Pero a
Edelweiss ya nada le importaba; lo รบnico que deseaba era que todo terminase,
cerrar los ojos, abandonarse, descansar; solo querรญa que dejase de doler.
Permitir que su alma cansada volase a esos lugares llenos de magia y fantasรญa,
repletos de seres que en sus sueรฑos solรญa ver y que tanto alivio le producรญan.
En su
delirio, rememoraba tiempos pasados donde fue feliz sin saberlo, donde se
recordaba riendo, rodeada de seres que ahora, por razones que escapaban a su
fatigada mente, ya no le acompaรฑaban. ¿Dรณnde estaban? ¿A dรณnde fueron todos?
¿Por quรฉ la habรญan abandonado, dejรกndola inmersa en ese lรบgubre lugar del que
no sabรญa cรณmo escapar?
Fuera
seguรญa cayendo la nieve, copos que se le antojaban enormes y que no paraban de
golpear el cristal de la ventana, un soniquete que escuchaba cada vez mรกs
lejano, conforme un inmenso sopor se iba apoderando mรกs y mรกs de todo su ser.
Un sudor helado empapaba por completo su dรฉbil cuerpo; sentรญa como sus miembros
se iban aflojando cada vez mรกs, hasta que sus lรกnguidas manos no pudieron
sostener el ya frรญo tazรณn, derramando todo el lรญquido sobre sus flรกcidas
piernas. Los sonidos se alejaron, estallando en su cabeza los ecos de recuerdos
lejanos, que venidos de fuera taladraban su cerebro. La estancia comenzรณ a
girar cada vez mรกs deprisa, hasta que no pudo aguantar el vรฉrtigo y, cerrando
los ojos, se dejรณ envolver por la negrura, perdiendo el conocimiento. Quedรณ
tirada, entumecidos todos sus miembros, dejando que la rigidez se apoderase de
ella. Edelweiss quedรณ allรญ, frรญa y exhausta, rendida con la batalla perdida,
sin tan solo un motivo por el que revolverse contra su cruel destino y luchar.
En un suspiro que se le hizo eterno, sintiรณ que los estertores de la muerte se
apoderaban de su ser, mientras, sin fuerzas para oponer ni la mรกs mรญnima
resistencia, dejรณ que el dolor y la oscuridad la anegasen.
Y asรญ
lenta, muy lentamente, dejรณ de ser, llegando sin saber de quรฉ manera al lugar
donde al fin encontrรณ la paz. Nadie la echรณ de menos, demasiado extraรฑa para
ser llorada, pero eso ya no le importaba; su mundo era otro. La luz por fin la
embriagรณ, dando calor a sus lastimados huesos, curando las heridas que su alma
albergaba desde que el cruel destino decidiรณ cebarse con ella.
Edelweiss
muriรณ, pero su espรญritu perdurรณ como testigo mudo de una sociedad falsa, en la
que รบnicamente valen las apariencias, presumiendo todos de una fingida bondad,
contando tan solo lo que puedas comprar sin importar si tiene o no valor. Una
humanidad adulterada, que solo se queda en lo superficial, en lo frรญvolo, unos
seres extraรฑos mรกs frรญos que el gรฉlido aliento que le oprimiรณ por tanto tiempo,
hasta que su รบltimo aliento saliรณ de su cuerpo en un agรณnico grito que aรบn
retumba en los oรญdos de los que cauterizan sus viles conciencias, para seguir sonriendo,
creyรฉndose que no hay culpa en sus actos.
Por todo
ello, Edelweiss partiรณ sin miedos, aliviada de poder por fin dejar de ser parte
involuntaria de todos esos seres cuyo รบnico afรกn era hacer una exhibiciรณn
ostentosa de sus vidas, anunciando a bombo y platillo a la gente que decรญan
haber ayudado. Mostrando sonrisas tan falsas como ellos mismos, un lugar que
nunca fue para ella y por el que sentรญa el mรกs profundo de los desprecios. Individuos
vanos y vacรญos actuando como si de un vulgar teatrillo se tratase, donde a
travรฉs de sus nauseabundas muecas intentaban por medio del fingimiento sacar la
mayor de las tajadas, a costa de todos aquellos que se negaban a ser actores en
esa gran falacia llamada vida.
Cuando
finalmente llegรณ el dรญa de su partida, las cadenas se rompieron, viendo a su
etรฉreo cuerpo ascender a lo mรกs alto, al lugar en el que podรญa ver su triste
pasado esbozando una tenue sonrisa, porque el ayer ya no la alcanzarรญa.
Sintiรฉndose ligera, se dio cuenta de que la libertad olรญa a brisa marina en un
dรญa donde el astro rey parecรญa brillar mรกs que ningรบn otro, donde sus heridas
fueron cosidas con rayos de sol, haciendo que su lacerado cuerpo recobrase el
vigor que tan solo en su imaginaciรณn soรฑรณ tener. Sintiรณ en su piel el lejano
pasado desvaneciรฉndose, quedando tan lejos que ya incluso le extraรฑaba que
alguna vez hubiese padecido sus crueles garras.
Y al fin,
al despuntar el alba, pudo vislumbrar un nuevo mundo. Y los grilletes se
soltaron...
Dedicado a todos los que, sabiรฉndose esclavos,
siguen buscando su libertad con valor, fuerza y coraje.
Que tu alma no desfallezca porque al fin, lo conseguirรกs.
~*~
POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025
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