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—¿Y los niรฑos? ¿Ellos tambiรฉn han de ser ejecutados?
—¿Te refieres a esos mocosos malolientes? Tan solo son tiranos que lo รบnico que saben es exigir, criaturitas consentidas por unos padres pusilรกnimes, que lejos de corregir sus bravatas se doblegan ante unos perversos seres, cuya รบnica diferencia con sus mayores es su estatura. Personajillos insignificantes manipuladores y ruines, por supuesto que tambiรฉn me refiero a ellos. Cortadles las cabezas al igual que a sus padres, quizรก asรญ aprendan algo.
Morgaus lo veรญa todo, lo escuchaba todo, para ello se habรญa asegurado de apostar esbirros en cada esquina de la ciudad, gente que cumplรญa ciegamente sus mandatos, sin cuestionar quรฉ habรญa de bueno o de malo en sus actos, no tenรญan nada que perder, ni que ganar. Eran escoria, desheredados de una tierra que ya les habรญa expulsado de su seno aun antes de nacer. Morgaus supo aprovechar el caos en el que se sumiรณ la ciudad, cuando el pueblo cansado de los abusos de sus dirigentes, se alzaron convirtiรฉndose en uno solo. Al principio solo querรญan derrocar a los malditos tiranos que oprimรญan sus gargantas, siempre sedientos de mรกs riquezas y poder. Pero pronto alguien sesgรณ de un tajo la primera cabeza y los demรกs, siendo marionetas en manos extraรฑas, deseosas de imitar al primero que se decidiรณ a hacer lo que todos pensaban, pero no se atrevรญan, se sumaron a la orgรญa de sangre y destrucciรณn.
Morgaus lo presenciรณ todo, sabedora del dolor, la indignaciรณn, la alienaciรณn que poco a poco se iba apoderando de un pueblo sin orgullo ni identidad propia. Allรญ estaba ella sonriente al ver a los inรบtiles que al fin se creรญan libres, convencidos de que eran los dueรฑos de sus vidas, pero la realidad era que seguรญan siendo manipulados igual que los tรญteres que una vez han dejado de servir son eliminados, siendo sustituidos por otros cuya rabia y brรญo les harรญa seguir obedeciendo. Porque como Morgaus sabe, esta chusma ha sido diseรฑada para ser sometida, una masa amorfa que habla de libertad cuando lo รบnico para lo que sirve es para acatar lo que se les ordena. Siempre buscan a un seรฑor ante el que doblegarse, pues bien, ahora el ama de sus mentes, la que decide quien vive y quien muere soy Yo, Morgaus, por ello nunca olvides que soy la dueรฑa de tu destino.
Mi alimento sois vosotros. Tu angustia, tu desazรณn es el aire que respiro. Mi abrigo, la sangre de tus hijos; tu sudor, tu esfuerzo, tu piel es lo que me da fuerzas para seguir humillรกndote. Todo aquel cuyas rodillas no se doblen ante mรญ serรก exterminado. Es lo que tiene nacer esclavos de un sistema que, aunque este caiga y los esclavos sean liberados, ha sido tanto el tiempo que han vivido engrilletados, que aunque se piensen libres no lo son. Y eso es lo mejor, porque mientras un siervo es consciente de su opresiรณn lucharรก por conseguir la ansiada libertad, pero si se cree libre, dueรฑo de su destino, habremos conseguido su sumisiรณn total.
Morgaus lo sabรญa, y aprovechรณ esta baza para hacerse con el control de toda la poblaciรณn: mujeres, hombres, niรฑos, viejos y jรณvenes, todos sin excepciรณn cayeron bajo su fรฉrrea mano. Habรญan pasado tanta hambre, tanta sed, tantas penalidades bajo el yugo de los anteriores dignatarios, que ahora que Morgaus atendรญa sus peticiones, dรกndoles tan solo las migajas que caรญan de su boca, el pueblo se mostraba agradecido, viendo en ella a una lรญder a la que seguir hasta la mismรญsima muerte, si asรญ ella lo reclamase.
Las cabezas comenzaron a rodar, los cuerpos desmembrados inundaron las calles, esos poderosos, los llamados nobles comenzaron a ser una ralea extinta, uno a uno iban dejando de existir entre los aplausos y los gritos enfebrecidos del gentรญo que, con sus ojos desencajados, llenos de un visceral odio veรญan al fin algo que a ellos se les antojaba estaba cerca de la justicia. En su delirio, se embadurnaban con la sangre aรบn caliente de los dรฉspotas, que daban sus รบltimos estertores entre las risas de una turba embravecida, llevรกndose sus cabezas como trofeos cuando sus espasmรณdicos cuerpos todavรญa no se habรญan enfriado.
Mientras tanto, Morgaus contemplaba desde el balcรณn de su regia casa, lo que ante sus ojos se derramaba como una bella escena, se enorgullecรญa en ver que su poder se incrementaba con cada cabeza que caรญa, con cada clamor de su pueblo. El olor de la sangre le excitaba, el griterรญo de la chusma hacรญa que su respiraciรณn se agitase, que entrara en un estado de pura lujuria y frenesรญ, pero para saciar sus apetitos tenรญa a toda una cohorte de machos elegidos por ella misma, dispuestos a satisfacer hasta sus perversiones mรกs oscuras, aquellas que ninguna mente por depravada que fuese podrรญa jamรกs imaginar.
Allรญ ante la vista del mundanal gentรญo, gustaba copular sin pudor, degradando a los que se sentรญan privilegiados por haber sido elegidos por la gran Dama que les habรญa salvado de las cadenas de los que ahora lamรญan el suelo. Sin contemplaciones los montaba siempre que su apetencia se lo dictase, desechรกndolos luego como si fuesen podredumbre, pero ellos se sentรญan felices por servir a su รบnica Seรฑora, aquella que les habรญa otorgado, a su parecer, la libertad.
Morgaus no sentรญa ninguna lรกstima por esa raza inmunda, maleable y pestilente, seres extraรฑos creados por la torpeza de un dios que pensรณ serรญan de utilidad para sus fines egoรญstas, pero cuando vio que su obra se le fue de las manos, decidiรณ huir dejรกndolos a su suerte, pensando que durarรญan poco y que debido a la maldad de su naturaleza, pronto se destruirรญan a sรญ mismos. Pero eso no sucediรณ, y ahora era ella quien tenรญa que arreglar el estropicio, para que un universo en peligro recobrase de nuevo el equilibrio.
La aniquilaciรณn estaba asegurada, era la naturaleza de esa raza maldita, cuando los poderosos hubiesen caรญdo poco tardarรญan en comenzar a arremeter contra ellos mismos, por celos, envidias, rencillas, cualquier suerte de motivos serรญa vรกlido para que empezaran a aniquilarse los unos a los otros. Entonces ahรญ estarรญa ella, para alimentar desde las sombras la destrucciรณn final.
Los dรญas transcurrรญan, los aรฑos se sucedรญan, pocos eran ya los humanos que quedaban, a pesar de todo seguรญan destruyรฉndose. Hasta que un buen dรญa Morgaus despuรฉs de desperezarse, se sintiรณ envuelta por el silencio, por la paz que tiene lugar tras la tempestad, satisfecha advirtiรณ que su misiรณn habรญa sido cumplida. Echรณ un vistazo a un planeta que sin la lacra del ser humano pronto florecerรญa, y marchรณ sin volver a mirar atrรกs, esperando no tener que regresar jamรกs.
Pero la maldad nunca muere del todo, lo que Morgaus nunca supo, es que dos supervivientes despuรฉs de observar su partida desde las oquedades de los montes que les sirvieran de refugio, sintiรฉndose al fin a salvo se miraron pรฉrfidamente, mientras รฉl se abalanzaba sobre ella tomรกndola, llenรกndola de la fuerza que su fรฉrtil vientre recogiรณ ansiosa. Al finalizar entre risas sintiendo que habรญan vencido se dijeron: «volvamos a empezar...»
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POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2024
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