𝑪𝒐𝒏𝒄𝒆𝒑𝒄𝒊𝒐́𝒏 𝑨𝒓𝒆𝒏𝒂𝒍. 𝑷𝒊𝒐𝒏𝒆𝒓𝒂 𝒅𝒆𝒍 𝒇𝒆𝒎𝒊𝒏𝒊𝒔𝒎𝒐 𝒆𝒏 𝑬𝒔𝒑𝒂𝒏̃𝒂.

 



La sociedad no puede en justicia prohibir

el ejercicio honrado de sus facultades

a la mitad del género humano.

(Concepción Arenal)


A lo largo de las diferentes épocas, muchas son las mujeres que se han levantado en rebeldía por la forma de ser tratadas por el simple hecho de ser del sexo femenino. Mujeres valientes, fuertes, que sin miedo no dudaron en arriesgar sus vidas, perdiéndolas en ocasiones con tal de hacer valer sus derechos, unos que se les negaba por no haber nacido varones, en una sociedad donde lo femenino era sinónimo de maligno, de lo negativo.

    Féminas que lo único que persiguen es ser tratadas de la misma manera que los hombres, que en lugar de convertirse en compañeros, en muchas ocasiones actúan como opresores, intentando acallar, silenciar, entorpecer el crecimiento de las mujeres en un afán de dominación, siendo demasiadas las veces que esto les lleva a cercenar las vidas de aquellas que no queriendo agachar la cerviz, se revelan ante algo que resulta del todo injusto.

    Muchos son sus nombres, demasiados de ellos silenciados no casualmente, de forma que no han llegado a nosotros, haciendo que los libros de historia les nieguen el lugar que les corresponde por derecho, haciendo solo pequeños huecos para aquellas de las que era imposible renegar. Entre estas grandes, que han luchado para que mujeres y hombres caminen en igualdad, nos encontramos con Concepción Arenal, una de las más importantes dentro de la lucha de los que muchos de forma peyorativa llaman feminismo, sin entender que lo único que este movimiento persigue es que tanto mujeres como hombres sean iguales ante la sociedad, ante las leyes, en el terreno laboral, en lo sexual, en definitiva en todos los aspectos de la vida, derechos que deberían ser innatos en todo ser humano. Aunque afortunadamente, hoy en día en muchos países esa luchada igualdad podría decirse que se ha conseguido, aún quedan demasiados países donde nacer mujer es un verdadero infierno.

    Pero sin más demora pasemos a conocer a Concepción Arenal, una mujer que marcó a las demás el camino a seguir para conseguir la tan deseada igualdad, siendo considerada, no en vano, como la madre del feminismo en España.


Sus Primeros Años

    Su nombre completo es Concepción Arenal Ponte, una intrépida mujer que nació en Ferrol Vello, un barrio ubicado en la zona norte de la provincia de la Coruña, en la Comunidad Gallega. La mujer que sembraría las bases del feminismo español, le tocó nacer en el siglo XIX, un 31 de enero de 1820, una época de grandes cambios

    Concepción Arenal dedicó toda su vida a luchar por los derechos de las mujeres, sin importarle los obstáculos que tuviese que vencer. Fuerte, valiente, decidida, gran activista por los derechos civiles, supo encontrar a través de su incansable lucha, su lugar en un mundo de hombres, despertando y aunando fuerzas con otras mujeres y en ocasiones hombres, que al igual que ella creían que mujeres y hombres debían tener los mismos derechos. Por ello, con toda justicia, a Concepción Arenal se la considera una de las primeras precursoras del feminismo en España. Reconocida también en el campo de las letras, donde nos dejó una dilatada bibliografía, es considerada como una de las más importantes escritoras realista de nuestro país.

    La madre de esta eminente mujer fue María Concepción Ponte, de ella sabemos que estaba emparentada con la nobleza, siendo hermana del segundo Conde de Vigo. Una mujer fiel a los tiempos que le tocaron vivir, no viendo con buenos ojos las inclinaciones de su hija Concepción por querer acceder a la formación a la que los hombres de su época, tenían derecho solo por ser del sexo masculino. En cuanto a su padre, Ángel Arenal Cuesta, pertenecía al ejército teniendo el grado de Sargento. Pero debido a su ideología liberal, fue a dar con sus huesos en la cárcel militar en más de una ocasión. Sus firmes convicciones le llevaban a estar totalmente en contra del rey al que apodaron como «el Deseado» que no era otro que Fernando VII, un monarca que no dudó en su primera etapa de reinado (1814-1820), en restaurar el absolutismo, persiguiendo a los liberales que se alzaron en varias ocasiones para restablecer la Constitución apoyados por el Ejército, la burguesía y también algunas organizaciones secretas como la masonería.

    El padre de Concepción fue uno de estos militares que secundaron las diferentes sublevaciones, lo que le ocasionó, como se ha comentado, entrar en varias ocasiones en prisión. Estas entradas y salidas hicieron que su salud se fuese deteriorando, hasta caer gravemente enfermo, muriendo el 26 de enero de 1829. Un duro golpe para toda la familia, quedando Concepción huérfana cuando tan solo contaba 8 años.

    Viéndose la madre de Concepción sin el apoyo de su esposo, decide marchar sin dilación a la localidad de Armaño, situada en la Comunidad Cántabra, donde se fue a vivir junto a sus tres hijas: Concepción, Luisa y Antonia, al amparo de Jesusa de la Cuesta, madre de su difunto esposo. Mujer recta y de profundas convicciones cristianas, se encargó de dar una estricta educación religiosa a las niñas. Pero cuando todavía no se habían recuperado de la muerte de su esposo y padre, tuvieron que hacer frente a una nueva desgracia, la pequeña Luisa hermana de Concepción muere el 26 de octubre de 1830, ni dos años habían pasado desde que muriese su padre.

    Cuatro años después del fallecimiento de su hija Luisa, en 1834, María Concepción Ponte decide de nuevo cambiar de domicilio junto a sus dos hijas. El destino en esta ocasión sería Madrid, mudanza que pudieron llevar a cabo gracias a la ayuda del Segundo Conde de Vigo, Antonio Tenreiro, hermano de la madre de Concepción Arenal. Una vez en la capital, el tío de las niñas se ocupó para que estudiasen en un colegio para señoritas.

    Pero el destino de nuevo hizo pasar a Concepción por dos dolorosas muertes, su abuela paterna muere en 1840, y su madre un año más tarde en 1841. Con tan solo 21 años Concepción Arenal heredó una fortuna, gracias a su nueva posición pudo estudiar cumpliendo de esta forma uno de sus sueños, algo en lo que su madre, debido quizá a la mentalidad imperante en esa época, nunca vio con buenos ojos.


Rompiendo Barreras

    Concepción Arenal, una mujer sin duda adelantada a su tiempo, manifestó desde muy joven su deseo de estudiar, metiéndose de lleno para aprender todo lo que su curiosa mente necesitaba saber. Una meta que deseaba alcanzar era la de ser abogada, algo que hoy nos puede parecer normal, no lo era en ese siglo XIX donde las mujeres no podían asistir de forma oficial a la universidad, aunque sí se les permitía acudir como oyentes, eso sí, no tenían derecho a ser examinadas. Si querían conseguir un título tenían que solicitar un permiso especial al Ministerio de Fomento, siendo instruidas con profesores en sus hogares.     No fue hasta el año 1872 que una mujer pudo matricularse en la universidad, concretamente fue en la Universidad de Barcelona, en la Facultad de Medicina, su nombre: María Elena Maseras Ribera. Hasta entonces, hubo mujeres que para acceder a las aulas no tuvieron más remedio que hacerlo vestidas de hombres. Y esto fue lo que Concepción hizo, no cediendo a los obstáculos, sin amilanarse, esta gran mujer, lejos de desanimarse, buscó la forma de cumplir sus deseos. Evidentemente, acceder a tan elevada institución como lo hacían los hombres para ella era completamente imposible. Pero a la Concepción de tan solo 21 años, esto no la frenó. Con decisión cortó sus cabellos, se colocó una levita, también una capa, cubrió su cabeza con un sombrero, en definitiva se vistió como un joven de su época, de esta forma ingresa como oyente en la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Madrid. Todo un reto.

    Así ataviada comenzó a asistir a clases de derecho, sus metas se estaban cumpliendo. Todo iba bien hasta que el rector de la Universidad descubrió que era una mujer, no obstante accedió a examinar a la joven para valorar sus conocimientos, una prueba que Concepción paso brillantemente consiguiendo permiso para asistir a clases, lo que hizo de forma productiva desde el año 1842 a 1845. El acudir a estas clases le proporcionó una felicidad añadida, fue aquí donde conoció al que se convertiría en su esposo el 10 de abril de 1848, Fernando García Carrasco, abogado y escritor como ella. Un hombre, al igual que Concepción, adelantado a su tiempo, que supo ver la valía de su esposa, convirtiéndose en su fiel compañero. Fernando, de ideas progresistas, no dudó en compartir con su compañera la lucha por conseguir un mundo mejor para las mujeres y también para las capas más desfavorecidas de la sociedad.

    De esta dichosa unión nacieron tres hijos, María de la Concepción vería la luz en marzo de 1849, Fernando nacería en Madrid el 29 de octubre en 1850 y Ramón, que vendría al mundo un 19 de junio de 1852. Pero de nuevo la muerte sume en la tristeza a esta fuerte mujer, cuando su hija muere con tan solo dos añitos, concretamente el 7 de junio de 1951. De sus tres hijos, tan solo Fernando sobreviviría a su madre. Pese a este revés, Concepción no aminora el paso por su lucha, acudiendo acompañada por su esposo a múltiples tertulias, donde se debatía sobre política, literatura y otros temas vetados para las mujeres. Estas reuniones se celebraban en el madrileño café «El Iris», aquí participa activamente en las charlas rompiendo las barreras que la sociedad imponía a las de su género.


Un sueño llamado «La Iberia»

    Junto a su marido comienza a colaborar en 1955, en un periódico de corte liberal y progresista, La Iberia que tuvo su origen en la capital en el año 1854 extendiéndose su duración hasta 1898, una publicación que salía a la calle de lunes a sábado, siendo el púlpito que el partido progresista utilizaba para extender sus ideales, convirtiéndose en uno de los periódicos de mayor relevancia en nuestro país. Hay que apuntar, que desde enero de 1868 hasta septiembre del mismo año, este revolucionario periódico cambió su nombre, pasando a llamarse La Nueva Iberia.

    Fue fundado en Madrid por el polifacético Pedro Calvo Asensio en 1854, hombre dedicado a la política, pero que también fue periodista, dramaturgo e incluso farmacéutico. Al llamarlo La Iberia expresaba su deseo de que toda la Península estuviese unida, en esta unión incluía a Portugal. Entre sus filas contaban no solo con Concepción Arenal, también estaban, entre otros, el escritor romántico Patricio de la Escosura Morrogh y el poeta y político progresista Gaspar Núñez de Arce. Asensio continuó a la cabeza del diario hasta su muerte en el año 1863, tomando las riendas, el político del partido Liberal Práxedes Mateo Sagasta que junto con el también político progresista José Abascal, lo dirigieron hasta 1866.

    Al parecer al principio era el esposo de Concepción el redactor, pero a medida que perdía las fuerzas por una penosa enfermedad, fue su esposa la que se encargó de realizar el trabajo de forma anónima. Hay que decir, que al principio los artículos que escribía Concepción Arenal no eran tenidos en cuenta, aunque posteriormente quizá por algunas presiones comenzaron a circular sus escritos, alegando el periódico que si no se habían publicado antes, había sido por falta de espacio. Aunque sus textos ya salían a la luz, estos no estaban firmados por su autora. Fue después de llevar fallecido su esposo cuatro meses, cuando Concepción Arenal escribe un excelente artículo con fecha de 14 de mayo de 1957 titulado El Periodista, un artículo que por razones obvias gustó mucho entre sus compañeros de profesión, donde expone las dificultades a las que se enfrentaría todo el que decidiera unirse a este oficio. Por supuesto, aquí tampoco aparece la firma de Concepción. Tanto gustó su escrito, que pronto otros periódicos comenzaron a incluirlo en sus páginas, de modo que a La Iberia no le quedó otro remedio que dar a conocer a la autora del artículo, diciendo sin tapujos que se trataba de Concepción Arenal de Carrasco.


Nuevo golpe, nuevos comienzos

    Tan solo nueve años llevaba Concepción casada cuando tuvo que enfrentarse a la muerte de su esposo, que fallece de tuberculosis el 10 de enero del año 1857. Este golpe la llevó a tomar nuevas decisiones, siendo una de ellas marchar con sus dos hijos a la localidad asturiana de Colloto, después partieron a Oviedo y de allí se mudaron al municipio Cántabro de Potes. Es en este lugar donde fija su residencia, que conocerá al que se convertirá en su nuevo compañero, el brillante violinista y también compositor Jesús Monasterio. Jesús no duda en alentar a Concepción para que tomase parte activa, en la ayuda a los más desfavorecidos.

    Jesús Monasterio un hombre con inclinaciones filantrópicas funda en Potes las Conferencias de San Vicente de Paúl, una institución dirigida a asistir a los pobres, instando a Concepción Arenal a que hiciera lo propio en su rama femenina, algo que guiada por el altruismo que siempre la caracterizó hizo en el año 1859. Fruto de su trabajo en esta organización, escribe en 1860 La Beneficencia, la Filantropía y la Caridad, obra que fue publicada en 1861 y que no duda en dedicar a su buena amiga, la activista y escritora liberal Juana María de la Vega Martínez, más conocida como la Condesa de Epoz y Mina, por haber estado casada con el navarro guerrillero y militar también liberal, Francisco Epoz Llundai, más conocido como Francisco Epoz y Mina. Fue después del fallecimiento de su marido que le conceden, el 1 de enero de 1837, el título de Condesa de Epoz y Mina.

    Como era habitual en Concepción Arenal, de forma valiente no tuvo reparos en presentar a concurso esta importante obra en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, pero sabedora de que vivía en una sociedad dominada por hombres decide utilizar el nombre de su hijo Fernando de tan solo 10 años, para acceder al premio, galardón que consiguió por pensar sus distinguidos miembros que se lo otorgaban a un hombre. Ni que decir tiene que la mentira pronto salió a la luz, pero tras algunos debates donde se discutió la forma en que Concepción presentó su obra haciéndose pasar por un hombre, a la Academia no le queda más remedio que reconocer el talento y el mérito de quién la escribió, aunque muy a pesar de ellos fuese una mujer.

    El premio le fue concedido, convirtiéndose Concepción Arenal de esta forma, en la primera mujer a quien la Academia concedió tal distinción. Una vez más esta excepcional mujer rompió con las barreras que la sociedad imponía a las féminas, haciendo ver cómo eran relegadas a un segundo plano, que fuesen invisibles, ciudadanas de segunda que no merecían gozar de los mismos derechos que los varones simplemente por ser del sexo femenino, algo tan injusto pero tan habitual en tiempos pasados, y desgraciadamente, depende en qué lugares, también en los presentes. A partir de entonces no cejó en su empeño de seguir escribiendo, denunciando la situación en la que se encontraban muchas personas que por circunstancias diversas estaban sumidas en la miseria, al mismo tiempo trabajaba para intentar paliar de alguna manera el sufrimiento de estas e intentar mejorar en lo posible la vida de sus semejantes.


Luchadora incansable por la igualdad

    Concepción Arenal se dedicó en cuerpo, alma y mente a manifestar por medio de su pluma la situación precaria en la que vivían las mujeres y los hombres en las cárceles españolas, mostrando a la sociedad la forma en que se hacinaban a las personas en los manicomios, sacando a la luz algo que a nadie le gustaba ver, la gran cantidad de mendigos que deambulaban por la ciudad. En definitiva, una mujer que utilizó su conocimiento y posición para, al menos, intentar ayudar a los más desfavorecidos. Para ello, no dudó en escribir importantes obras donde defendía sin miedo los derechos de las mujeres, enfrentándose a los científicos que utilizaban la ciencia a conveniencia, para demostrar de forma absurda que eran un ser inferior al hombre. Por todo esto a Concepción Arenal con toda justicia se la considera, uno de los pilares fundamentales del feminismo en España. Una mujer que ha de tenerse muy en cuenta, pues gracias a ella, y a otras muchas como ella, hoy en nuestro país todas nosotras gozamos de una libertad impensable en siglos pasados. Es de justicia decir, que no solo las mujeres hicieron esto posible, también hubo hombres que lucharon para que tanto mujeres como hombres caminasen en igualdad.

    Enterada la reina Isabel II de su inclinación para ayudar a los demás, no duda en proponerla para que el ministro de Gobernación, Florentino Rodríguez Vaamonde la nombrase Visitadora de Prisiones de Mujeres, cargo que ocupó a partir del 4 de abril de 1864. Las vivencias que tuvo mientras ocupó ese puesto, la impulsan a escribir en 1865, Cartas a los Delincuentes, donde denuncia las inhumanas condiciones en las que se encontraban los reclusos, haciendo una crítica al Código Civil e instando a la reforma del mismo. Esto, evidentemente, no gustó a los que ostentaban el poder, que ordenan la suspensión de su puesto rápidamente en 1865. Pero el carácter de Concepción Arenal no era de agachar la cabeza frente a las adversidades, así que continuó con empeño trabajando en favor de los más débiles, siendo en 1868 nombrada Inspectora de Casas de Corrección de mujeres.

    Antes de seguir adelante, creo que es conveniente explicar, aunque sea brevemente, qué eran estas Casas de Corrección de mujeres, para ello nada mejor que acudir a la profesora Elisabet Almeda Samaranch donde en su libro Pasado y presente de las cárceles femeninas en España, nos explica magistralmente en qué consistían estos lugares. Comenzaremos diciendo, que estos centros para mujeres fueron regulados por el primer Código Penal español de 1822, de breve vigencia, y que se basaba en la doctrina de la Ilustración. Es aquí donde se especifica las penas que debían cumplir las mujeres, y los menores de edad sin distinción de sexos. Esto conllevaba que tanto las mujeres como los menores se hacinasen en el mismo recinto, algo que no era nuevo debido a que a las féminas se las consideraban en esos tiempos unas eternas menores de edad, de forma que si una persona del sexo femenino cometía un delito su castigo sería igual que si lo hacía un menor.

    Posteriormente, el Código Penal de 1848 de corte liberal y autoritario habla nuevamente de estas instituciones, siendo ya a mediados del siglo XIX cuando a estos lugares de reclusión se les pasó a denominar «Casas de Corrección para mujeres». En cualquier caso, a pesar de las reformas, la finalidad de estos centros era conseguir lo de siempre, es decir, apartar de la sociedad a las mujeres denominadas desviadas, e intentar corregir su comportamiento por medio del trabajo y por supuesto de la oración, una especie de ora et labora.

    Es cierto que la religión siempre estaba presente en las cárceles españolas de la época, ya fuesen femeninas o masculinas, pero es a las mujeres a las que se las fuerza más para que rezaran, presionándolas a que se arrepintiesen de su proceder, obligándolas a escuchar interminables sermones moralizantes para que dejasen atrás su inmoral camino. A pesar de todo esto, lo que se puede tener por seguro es que estos centros lo que menos hacían era corregir. La vida en estas instituciones era terrible, cualquier tumulto era reprimido con dureza, algo habitual si tenemos en cuenta la vida que llevaban, hablamos de hacinamiento, celdas de aislamiento con cepos para castigos. En definitiva, condiciones realmente precarias e inhumanas.

    Pero volviendo a Concepción Arenal, debemos decir que seguía incansable denunciando situaciones sociales a través de su pluma, por ello cuando la Sociedad Abolicionista Española convoca un concurso literario en Madrid en marzo de 1866, donde se premiaría a los tres mejores poemas que tratasen el tema de la abolición de la esclavitud, no dudó en acudir. Presentando su poema Oda a la esclavitud, donde expone que la esclavitud es algo ajeno al ser humano, buscándose unos beneficios económicos que tan solo favorecen a los poderosos. No vaciló por medio de su obra poética en apoyar con decisión lo que el certamen pretendía, que no era otra cosa que exigir la abolición de la esclavitud para Cuba y Filipinas. Ni que decir tiene, que Oda a la esclavitud obtuvo el merecido premio.

    Mujer de energías inagotables sigue con su lucha, para ello contribuye en la creación de La Voz de la Caridad, una publicación que aparece cada quince días, nacida el 15 de marzo de 1870, dirigiéndola durante once años. En esta publicación denunció a través de las letras su experiencia vivida trabajando en instituciones penitenciarias y benéficas. En la creación de este periódico también hay que mencionar la contribución de la Condesa viuda de Espoz y Mina, y del rector de la Universidad de Madrid, Fernando de Castro. Es en 1871 cuando Concepción Arenal comienza a publicar en este periódico, su obra Cartas a un obrero, obteniendo un gran éxito entre la derecha liberal, aparte escribió cientos de artículos más.


Más obras de caridad

    Nos vamos ahora un poco más atrás en el tiempo, concretamente al año 1869, cuando la duquesa Ángela de Medinaceli funda en su palacio lo que sería la rama femenina de la Cruz Roja, consiguiendo que muchas damas de alcurnia se sumen a su causa. Pero como no podía ser de otra forma, Concepción Arenal se une a la empresa organizando y convirtiéndose en la auténtica impulsora del proyecto, por lo que se encarga de dirigir el Hospital de Sangre de Miranda del Ebro durante la tercera Guerra Carlista, prestando auxilio a soldados de ambos bandos. Mujer de fuerte personalidad, consiguió incluso que las damas nobles se quedarán trabajando los sábados por las tardes, ocupándose en la confección de los vendajes que los heridos necesitaban para sus lesiones.

    Entre sus obras de caridad también cabe mencionar la creación de la Constructora Benéfica, una sociedad fundada en 1872 por Concepción Arenal, cuyos fines era edificar casas a bajo coste para la clase obrera. Algo que se hizo necesario al ir aumentando la cantidad de personas que provenían del campo, acudiendo a la capital en busca de un mejor empleo en la industria. Cuando estos llegaban a Madrid, lo que encontraban era una gran dificultad para encontrar vivienda, no solo por los elevados precios, sino también a la escasez que había debido a la llegada incesante de proletarios. Emprender esta magna obra fue posible gracias al generoso donativo de 25.000 francos que realizó la condesa Krasinski a Salustiano de Olózaga, el cual lo hizo llegar a Concepción y a la condesa de Epoz y Mina con el fin de que lo utilizasen en lo que considerasen más urgente.

    Otra labor en la que participó económicamente Concepción Arenal junto con otros personajes relevantes de la época, fue la fundación de la Asociación para la Enseñanza de la Mujer. Institución creada en 1870 por el pedagogo Fernando de Castro y Pajares, que fue el presidente hasta su muerte en el año 1874, siendo sustituido por Manuel Ruiz de Quevedo. Lo que realmente pretendía Fernando de Castro, un hombre concienciado con la ayuda a los pobres y que se manifestaba abiertamente en contra de la esclavitud, era brindar a las mujeres de clase media la oportunidad de poder acceder a una mejor educación, para que pudieran encontrar mejores puestos de trabajo. Concepción Arenal colaboró estrechamente con Fernando de Castro para conseguir estos fines, intentando acercar a las mujeres que no podían pagarse buenos colegios o institutrices, una cultura que de otra forma no estaría a su alcance.


«A la virtud, a una vida, a la ciencia»

    Fue en 1875 cuando Concepción Arenal comenzó a tener serios problemas de salud, por lo que cuando su hijo Fernando queda viudo, decide mudarse a Gijón con él. Fernando había sido nombrado recientemente director de las obras del puerto. Unos años más tarde en 1884, recibe otro duro golpe al morir su hijo Ramón, que era militar al igual que su padre y había estado en Cuba. Más tarde, en 1889, Concepción se muda a Vigo, cuando a su hijo Fernando lo trasladan por motivos de trabajo a dicha ciudad. En todos estos años y a pesar de los golpes que le diera la vida, Concepción Arenal nunca dejó de escribir, recibiendo en la casona donde vivía a las personas más importantes de su tiempo.

    Al poco de residir en Vigo se entera de que la polifacética condesa Emilia Pardo Bazán, otra de las mujeres avanzadas de su tiempo, una pionera comprometida con la defensa de los derechos de la mujer, la había propuesto para ocupar una plaza en la Real Academia de la Lengua. Aunque Bazán era plenamente consciente de la discriminación que sufrían las de su género también en el campo intelectual, no se desanimó a la hora de defender a Concepción Arenal como una persona digna de merecer tan honorable puesto, pero como era de esperar, la Academia no acepto la candidatura. Así y todo, la semilla había sido sembrada.

    La salud de Concepción cada vez iba a peor hasta que un 4 de febrero de 1893 fallece víctima de una bronquitis crónica, tan solo hacía cuatro días que había cumplido 73 años. Es enterrada en el cementerio de Picacho; sin embargo, el 28 de agosto de 1912, sus restos son trasladados al de Pereiró. En su epitafio reza el lema: A la virtud, a una vida, a la ciencia, su vida resumida en unas palabras, no hacen falta más.


La incansable pluma de Concepción Arenal

    La prolífica obra de esta gran mujer abarca, poesía, teatro, novela, ensayo e incluso zarzuela. Como vemos no había estilo que se le resistiera, dedicando su pluma a reivindicar la deplorable situación de los más desfavorecidos, algo que no dudó en denunciar repetidas veces en sus innumerables escritos. Aunque ya se ha hablado de algunas de sus obras, hay otras que también son dignas de mención, en realidad todas merecerían ser nombradas, pero por falta de espacio citaré solo algunas. Las primeras obras que escribe Concepción, son poéticas, también por esa misma época escribe tres obras de teatro tituladas: Un poeta, La medalla de oro y Dolor y misterio; en la Zarzuela destaca con Los hijos de Pelayo; además escribe una novela: Historia de un corazón, de la que desgraciadamente no nos ha llegado copia alguna. En el año 1851 publica un libro titulado: Fábulas en versos originales, compuesto por cincuenta poemas, un texto que rápidamente se convierte en lectura obligada en las escuelas de primaria. En esta obra intervienen tanto personas como animales. Un texto donde expone de forma sencilla sus ideas feministas, expresando a través de estas fábulas su gran interés por el mundo de la educación y de la sociedad en general. La educación algo a lo que Concepción daba, y con razón, una importancia primordial. En 1858 escribe un importante libro que la autora no pudo ver publicado en vida, ¡Dios y Libertad!

    Pero fue en 1861, cuando una Concepción Arenal desencantada por el papel inferior que se le había asignado a la mujer desde antes de nacer en razón de su sexo, que redacta la que sería su primera obra feminista, siendo publicada en 1869. En un intento de remover conciencias, su libro: La mujer del porvenir, expone de forma detallada la situación penosa y de inferioridad que soporta injustamente las féminas de su tiempo, también da soluciones, entre las que se encuentran el acceso a la educación. Hablamos de una época donde la mujer, si recibía alguna formación, era muy inferior a la que se daba a los hombres. También defiende la incorporación de la mujer en el mercado laboral, algo fundamental para conseguir una igualdad de pleno derecho.

    Una obra en la que refuta con argumentos sólidos la idea de que las personas del sexo femenino en función a su biología eran inferior, algo que en esos tiempos era incluso aceptado por doctores de la talla de Franz Joseph Gall. Pero una Concepción enérgica no se amilana ante tamaña estupidez, desmontando punto por punto la desquiciada teoría del que se considera el padre de la frenología. En esta obra, Concepción Arenal muy acertadamente expone las siguientes preguntas:

«¿Todos los hombres tienen aptitud para toda clase de profesiones? Suponemos que no habrá nadie que responda afirmativamente.
¿Algunas mujeres tienen aptitud para algunas profesiones? La respuesta no puede ser negativa sino negándose a la evidencia de los hechos.
¿El hombre más inepto es superior a la mujer más inteligente? ¿Quién se atreve a contestar que sí?
».

    También escribe otros libros: La mujer en su casa, en 1881; Estado actual de la mujer en España, fechado en 1884; La educación de la mujer, que escribió aproximadamente un año antes de morir, en 1892. Todas obras fundamentales, donde Concepción desmonta las falacias que se tenían en la época en torno a las mujeres. Opiniones fuertemente establecidas en una sociedad que, en mayor parte, no se cuestionaba la certeza de tales creencias. En estos ensayos, también intenta dejar constancia del derecho que la mujer tiene de recibir una educación que le permitiera acceder a un puesto de trabajo digno, dejando claro que estos derechos se basaban en que no eran inferiores intelectualmente a los hombres, por lo tanto, debían gozar de los mismos derechos y libertades.

    En 1877 escribe Estudios penitenciarios, donde habla fundamentalmente de la necesidad de reformar las prisiones. En el año 1878, sería cuando publicaría uno de sus trabajos de mayor relevancia titulada, La institución del pueblo, aquí su autora expone como todo individuo tiene el deber no solo moral, sino también legal de instruirse, apuntando que es la ignorancia de un pueblo la que impide que este avance.

    Y hasta aquí el breve recorrido por algunas de las obras de esta incansable mujer, muchas se quedan en el tintero, tan solo me he limitado a exponer unas pocas, el resto lo dejo al estudio del curioso lector.

    Concepción Arenal sin duda fue una de las mujeres que junto a otras de su tiempo, unas conocidas otras anónimas, sentaron las bases del feminismo en nuestro país. Mi sincero agradecimiento a estas valientes mujeres, porque gracias a ellas hoy en algunos países, somos un poco más libres. Desgraciadamente, aún quedan demasiados países donde nacer mujer es poco menos que una condena, pero esta, es otra historia.

    Gracias Concepción Arenal.


POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2024

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