Tierra de Nadie
El cantarรญn grillar que emitรญa el nocturno grillo se agolpaba en su mente, haciendo que el mantra emitido por ese pequeรฑo animal la transportase en sueรฑos que la llevaban a tiempos pasados, donde las vivencias se entremezclaban, apareciendo en su cabeza a travรฉs de pequeรฑos destellos que se confundรญan con sus agitados pensamientos.
El sopor
que se apoderaba de ella le hacรญa viajar a mundos inexistentes, donde la vida
era muy diferente a la que habรญa conocido desde su mรกs tierna infancia.
Adormecida, reposaba su cansada cabeza en el cojรญn que se habรญa convertido en
el inanimado confidente de sus sueรฑos, desde donde veรญa pasar toda su efรญmera
existencia, no consiguiendo encontrar sentido a su existir, a la continua lucha
que el sistema imponรญa y de la que todos participaban, sin razonar el motivo
por el que se dejaban dรณcilmente engullir por una selva de asfalto, por una
sociedad que devoraba sin compasiรณn a todo aquel que habรญa participado en su
construcciรณn.
Cierto que,
en mรกs ocasiones de las que el sistema era capaz de admitir, aparecรญan sujetos
que decidรญan salirse del redil, bien por voluntad propia o quiรฉn sabe si
empujados por un mundo que ni querรญan ni podรญan entender. Una especie de
disidentes rebeldes que no deseaban aferrarse por mรกs tiempo a unas normas que
solo prolongaban la agonรญa de una vida que no lo era, abandonando una
existencia que les parecรญa carente de sentido; por ello, sabiรฉndose dueรฑos de
sus desafortunadas existencias, ponen fin sin pesar a su agรณnico vivir.
Locos los
llamaban algunos, cobardes otros y aรบn habรญa quienes se persignaban llamรกndolos
pecadores. El peor de los pecados, atentar contra sรญ mismo, atravesar el umbral
sin haber sido llamado por unos dioses que juegan con los humanos, siendo
tรญteres en sus manos, sin importarles en absoluto el sentir de unos seres que
ni saben quรฉ hacen en tan extraรฑo mundo, deambulando por unos aรฑos, en un vacรญo
que intentan llenar por medio de una sociedad inventada por el capricho de los
que, sintiรฉndose mรกs afortunados, fabrican solo en su propio beneficio.
Las
creencias judeocristianas, siempre al acecho, insertadas en el ADN, impregnaban
la esencia hasta de los que se llamaban a sรญ mismos ateos o no creyentes,
menospreciando a estas personas sin otorgarles valor ni coraje para seguir
sufriendo la lenta y cruel agonรญa que el sistema les imponรญa, hasta que llegara
el fin de cada cual, de forma, segรบn se decรญa, natural o, segรบn se
apresuraban a apuntar otros, hasta que Dios quiera. Una forma de pensar
impuesta, no por la razรณn o la lรณgica; no por la bondad o buscando el bienestar
del sujeto, mรกs bien buscando el no sentirse culpables porque un alma mรกs habรญa
decidido viajar a esa Tierra de Nadie, abandonando las cadenas con que este
mundo material ahogaba el espรญritu de aquellos que querรญan huir de una mรญsera
existencia.
Pero a ella
todo esto le daba igual; si de algo se podรญa sentir orgullosa, es de que jamรกs
le importรณ lo que dijesen o pensaran de ella esos sujetos que tanto hastรญo le
producรญan. Los toscos comentarios que ni siquiera permitรญa que penetrasen en
sus oรญdos, lo รบnico que le provocaban era el mรกs profundo de los desprecios por
unas gentes cretinas y malvadas, que se permitรญan emitir juicios sin atender a
las causas que eran las cรณmplices de una meditada decisiรณn. Ya todo le daba
igual; lo รบnico que importaba era cรณmo iba a prepararse para el ansiado viaje,
para la partida a esa Tierra de Nadie donde se le antojaba que le estarรญan
esperando todos los desheredados, los rebeldes e inconformistas, aquellos que
se negaron a seguir los dictados de un caduco sistema que les obligaba a vivir
una muerte en vida. Aquellos que huyeron hastiados y aburridos de tanta
hipocresรญa y mediocridad, decidiendo un dรญa, al igual que ella, abandonar una
nave que, sin capitรกn ni timรณn, se dirigรญa con todos sus ciegos pasajeros al
abismo.
No habรญa
enojo ni tristeza, tampoco le embargaba la amargura, la ira, el rencor o el
odio; solo el cansancio invadรญa su aรบn joven cuerpo, esperando que se
presentase el instante de despojarse de esa masa material que solo era un
lastre, deseando que llegase el momento de dejarse envolver por el vacรญo que la
transportarรญa sin dolor a esa Tierra de Nadie, donde al fin encontrarรญa el tan
merecido descanso. Una cuestiรณn tan solo enturbiaba su mente, y era la
curiosidad que le producรญa pensar en la reacciรณn que tendrรญan en conocidos y
extraรฑos su decisiรณn. La falsedad del comportamiento de todos al encontrar su
cuerpo inerte era algo que en cierta forma casi le divertรญa: la osadรญa de
muchos al mostrar una mรกs que fingida tristeza, lo buena y maravillosa que
serรญa entonces para todos aquellos que en vida la dejaron a un lado; otros en
su estupidez se permitirรญan el lujo de juzgarla como loca, cobarde o algo peor.
Aunque lo
que mรกs fastidio le causaba era ese puรฑado de ilusos que la calificarรญan de pobrecita.
¡Imbรฉciles, pobres de vosotros!, que os tragรกis todo lo que os echan, aunque
eso os ocasione el mayor de los sufrimientos. Pero habรญa algo que, sabiendo que
no era racional, le horrorizaba, y era la idea de que la guardaran en esos
nichos tristes y sombrรญos; solo el pensar en ello le causaba claustrofobia y
una zozobra que le era difรญcil dominar. Preferรญa ser incinerada, dejando que el
viento a voluntad esparciera sus cenizas por los cuatro puntos cardinales para
que en libertad encontrasen su propio lugar. Consagrando lo que quedase de ella
a los cuatro elementos, uniรฉndose al final con ese quinto que no era otro que
el espรญritu. Pero ya todo daba igual; la decisiรณn habรญa sido tomada, libremente
meditada y no le apetecรญa posponerla.
El pequeรฑo
grillo seguรญa con su cantinela, ajeno a los pensamientos que con fuerza habรญan
arraigado en su mente y a los que no deseaba renunciar; por ello se dispuso a
marchar sin ruido, sin aspavientos, viviรณ en silencio y de la misma forma
marchรณ. Su cuerpo poco a poco iba siendo abandonado por el aliento de vida,
hasta que finalmente la envoltura material que ponรญa freno a su alma quedรณ
tirada como si de algo inservible se tratase. Mientras se iba, no pudo evitar
que una tenue sonrisa se dibujase en un rostro que ya solo reflejaba paz.
Allรญ a lo
lejos, desde esa Tierra de Nadie, podรญa ver el globo terrรกqueo, un planeta
atestado de gente que se asemejaba a motas de polvo. Autรณmatas que aparecรญan
ante sus ojos muriรฉndose al unรญsono, con sus infructรญferas luchas, sus
ridรญculas รญnfulas, sus incomprensibles ansias por el poder, por destacar, por
tener y acumular mรกs y mรกs, sin saber lo pequeรฑos y dรฉbiles que en realidad son
todos y cada uno de ellos. Allรญ estaban con sus miserias, creyรฉndose unos mรกs
que otros, pensรกndose reyes, dueรฑos y seรฑores de sus vidas, amos de un mundo
que les iba engullendo tan lentamente que pocos eran los que se percataban de
ello.
No quiso
seguir mirando; su desprecio y la animadversiรณn que sentรญa por esos desdichados
y despreciables seres hacรญan que acudiese a su mente el deseo de aniquilarlos,
pero no lo harรญa; era mejor dejar que se siguiesen consumiendo lenta, muy
lentamente.
Dando la
espalda a ese pasado, que pronto su nueva y renovada mente olvidarรญa para
siempre, comenzรณ a sentir que su cuerpo, su alma y su espรญritu se llenaban de
quietud y de paz, invadiendo su interior por completo, dejรกndose acunar por esa
Tierra de Nadie donde al fin encontrรณ lo que su naturaleza anhelaba desde antes
de que sus ojos viesen la luz por vez primera: la certeza de comenzar a vivir
una vida que sรญ lo es realmente.
Mientras
tanto, en el sopor de la noche, el grillo seguรญa cantando.
~*~
POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025
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