La muerte conduce a la vida.
Fue en la Noche de Difuntos que los desencarnados se pusieron a festejar, aunque observaron con recelo que los vivos se alejaban mรกs y mรกs. Los no vivos, ofendidos por quienes osaron su invitaciรณn rechazar, persiguieron divertidos a los desagradecidos para asรญ un escarmiento dar, por medio de jugar con quienes no supieron apreciar las ofrendas que de buen grado les venรญan a otorgar. No hacรญa mucho que habรญa abandonado el mundo que llamaban de los vivos, aunque ahora que se encontraba en ese otro lado, se daba cuenta de que, en realidad, de vivos tenรญan bien poco. La inmensa mayorรญa llevaban una vida mecรกnica, anodina, una que habรญa sido astutamente programada desde, en no pocas ocasiones, antes de nacer. Ahora que por fin habรญa cruzado a ese mรกs allรก, se daba cuenta de que todo lo sufrido, todo lo soportado carecรญa de sentido. Esa lucha en la que los revestidos de carne son alentados a participar en el mismo momento que ven la luz, cuando se ven obligados a abandonar el vientre...