¡La muerte sรญ es el fin!
«La muerte
sรญ es el fin», musitaba una y otra vez, mientras se balanceaba abrazando
sus piernas que dobladas acogรญan su cabeza entre ellas, haciendo que su
contorsionado cuerpo pareciera un apretado ovillo. Al mismo tiempo, su
respiraciรณn se aceleraba mรกs y mรกs, cerrando sus ojos con fuerza para no seguir
viendo las alargadas sombras, que se asemejaban a brazos sin cuerpos saliendo
de las paredes de la pequeรฑa estancia, y que simulaban querer atraparla. El sudor
frรญo recorrรญa todo su atenazado cuerpo, el esfuerzo que ejercรญa era tan grande
que todos los mรบsculos le dolรญan hasta tal punto que no podรญa ya casi resistir.
El pavor que crecรญa en su interior le hacรญa pensar que, si abrรญa los ojos y se
erguรญa, esas sombras terminarรญan por capturarla, engullรฉndola, llevรกndosela al
lugar donde serรญa envuelta en tinieblas por toda la eternidad.
«La muerte
sรญ es el fin», recitaba sin parar en un intento de ignorar a la parca
maldita que, escondida en algรบn resquicio, se reรญa del suplicio al que era
sometida por esas siluetas deformes, cuyos tentรกculos intentaban atraerla hacia
ellas para ahogarla, tejiendo su cuerpo con finos hilos para luego a placer ir
devorรกndola lenta, muy lentamente. Una espesa tela de araรฑa en la que habรญa
caรญdo de forma incauta, y de la que no sabรญa si podrรญa escapar; sus fuerzas,
cada vez mรกs mermadas por una lucha sin tregua, parecรญan no tener fin.
Exhausta y
desesperada, se aferraba a un รบnico pensamiento que era el que le permitรญa no
caer derrotada, la certeza de saber que con la muerte llegarรญa el final, le
hacรญa resistir mรกs allรก de lo que nadie podrรญa haber imaginado en una mujer de
apariencia tan frรกgil. Un ser que, sacudido por el infortunio desde antes de
nacer, yacรญa ahora intentando gastar las pocas fuerzas que le quedaban en pasar
a ese otro lado, donde le esperaba una muerte que en realidad serรญa un
despertar a la verdadera vida.
La muerte
sรญ es el fin, el fin del dolor, de la miseria, de la decrepitud que el paso de
los aรฑos de forma burlona marca en la lozana piel, el fin de un mundo que
aparta, como si de gente infecta se tratase, a aquellos que se rebelan contra
toda norma establecida por los que no dudan en imponer su voluntad, por medio
de castigar los cuerpos y las mentes de los crรฉdulos que, para su perdiciรณn,
terminan confiando en los opresores que, sin pensรกrselo, no vacilan en
devorarlos una vez se hayan servido de ellos, tirando sus carcasas viejas y
vacรญas con el mismo desprecio que se desprenden de la basura.
Ella lo
sabรญa, y por eso intentaba huir, escapar. Pero ¿cรณmo desaparecer de un mundo
que en realidad es una cรกrcel?, ¿cรณmo salir, cuando los ojos de las sombras lo
vigilan, lo escudriรฑan todo? No hay lugar en el planeta, por recรณndito que
pueda parecer, que no conozcan, que no estรฉ controlado por aquellos que se
alimentan del miedo que ellos, por medio de adoptar las mรกs variadas formas,
suscitan en los habitantes de este mundo. Una savia que degustan poco a poco,
hasta dejar sin esperanzas, sin ilusiones, presas del temor a la muerte a los
seres que se rinden como esclavos sin saber que lo son. Ahรญ estรก su victoria,
su poder, su triunfo final se acerca porque todos duermen, son como autรณmatas
que creen actuar por voluntad propia, que se piensan libres cuando la realidad
es que sus vidas estรกn sujetas a horarios, a explotaciรณn, a un sufrimiento del
que son consentidores, esperando con resignaciรณn la muerte, sin saber que en
realidad ya estรกn todos muertos.
Sin embargo,
en su ignorancia se sienten llenos de vida, porque no entienden lo que
realmente significa esa mรกgica palabra; si lo supiesen, no ignorarรญan que la
vida no duele, no es sufrimiento, no es desesperaciรณn, carencias, sinsabores y
temor. La vida no es devorarse unos a otros, no es la ley del mรกs fuerte, no
crea seres dรฉbiles, hambrunas, enfermedades y desesperaciรณn. Si supieran, si
conociesen la verdad, se darรญan cuenta de que todas esas maldades son sรญntomas
inequรญvocos de que no hay vida en los cuerpos que padecen tanto horror. Por eso
ella sabรญa que todos, absolutamente todos estaban muertos; siempre lo
estuvieron, desde el mismo dรญa en que los engendros que se alimentaban de ellos
les hacรญan creer que habรญan nacido.
Sรญ, ella lo
sabรญa, siempre lo supo, por eso intentaba huir. Conocรญa la verdad, les hacรญan
creer que estaban vivos, llenos de energรญa, que ellos eran los que decidรญan
sobre sus vidas porque tenรญan lo que llamaban libre albedrรญo. Pero todos
mentรญan, porque lo cierto es que estaban atrapados en una espiral de la que era
casi imposible salir, un falso nacer para luego morir, para luego volver vez
tras vez en una rueda interminable que no paraba de girar, alimentando con sus
efรญmeras existencias a los que les crearon con el รบnico propรณsito, de que
sirviesen de alimento a las aberrantes formas que se arrastraban por un mundo
fabricado desde la mรกs absoluta de las mentiras.
En su
estupidez, hacรญan caso a sus opresores que con sonrisas y falsas promesas les
instaban para que siguiesen reproduciรฉndose. La existencia de estos
depredadores dependรญa de tener nuevos esclavos, precisaban la esencia que les
otorgaba el vigor, la fuerza y el poder para seguir ejerciendo un gobierno
lleno de terror y tiranรญa.
Pero ella
lo sabรญa, por eso se negaba a que su cuerpo fuese usado para engendrar mรกs
siervos, para traer nuevos muertos carentes de voluntad propia, moldes
arcillosos que serรญan moldeados por un sistema que ofrecรญa una cara de falsa
felicidad, mientras eran seres sumisos que no tenรญan la menor consciencia de su
propio sometimiento. Si tan siquiera por una vez, pudiesen ver el verdadero
rostro de sus tiranos, entenderรญan el pavor constante que reflejaba su ajado
rostro. Pero los depravados seres, se aseguraban de que esto no ocurriese,
ocultando sus deformaciones tras mรกscaras que astutamente lucรญan, engaรฑando a
los que preferรญan seguir cubriendo sus ojos con una venda que tan solo les
dejaba vislumbrar, una minรบscula y artificial porciรณn del mundo que les habรญan
fabricado.
Sรญ era el
fin, pero la muerte a la que ella invocaba era la real, no la impuesta
falsamente por las deformidades que se refugiaban en la oscuridad, esta que
ofrecรญan las aberrantes formas era una muerte pรบtrida, una que formaba parte de
ese ciclo interminable y del que nunca se salรญa.
La
verdadera muerte sรญ es el fin, esa que te transporta, que hace que abandones
este ficticio mundo y despiertes en ese otro lado, donde los inertes cuerpos
que han sido apresados permanecen a la espera de ser rescatados. Si apenas solo
uno lograse llegar, podrรญa despertarlos a todos, reclamando como un solo cuerpo
lo que en la lejanรญa de los tiempos les fue arrebatado, haciendo que las
tinieblas dejasen de existir. Si esto llegase a suceder, su abisal mundo serรญa
aniquilado, apareciendo nuevamente el hogar perdido y ya casi olvidado.
Lo sabรญa,
por eso no querรญa mirar a los siniestros seres que querรญan atraparla, debรญa
escapar, su deber era liberarlos, hacer que despertasen. Pero ¿cรณmo hacerlo?
Todos estaban en contra de ella, la tenรญan encerrada, le ataban, le inyectaban
sustancias que hacรญan que cayese en un profundo letargo, su mente entonces
dejaba de funcionar, sumiรฉndola en un estado de inconsciencia que hacรญa que no
tuviese certeza de su existir. Serรญa tan fรกcil dejarse llevar, vivir en un
mundo donde nada es lo que parece, uno formado por hologramas fabricados al
antojo de los esperpentos, que se divertรญan experimentando con las situaciones
mรกs retorcidas que sus delirantes mentes eran capaces de crear. Profanando los
cuerpos y las mentes de los inocentes, que sucumbรญan sin saberlo a toda suerte
de abominaciones.
Serรญa tan
sencillo dejarse engaรฑar, formar parte de esa masa que se movรญa al unรญsono, no
erigirse en la salvadora de una sociedad que, en vez de luchar, habรญa optado
por acomodarse, por cerrar los ojos a la verdad, una humanidad que ni siquiera
sabรญa que debรญa ser rescatada, y que por ello no eran conscientes de la
espantosa realidad de la que ella sรญ sabรญa, y tanto le torturaba.
Dejarse
arrastrar, descansar, sucumbir para no ver mรกs esas visiones aterradoras de un
mundo que solo algunos contemplaron a travรฉs de imรกgenes que se mostraban ante
sus incrรฉdulos ojos, y que para no ser tomados por locos dejaron reflejadas en
sus pinturas, en sus escritos, camufladas en las notas musicales... Personas
torturadas que, por medio de la capacidad que tenรญan para expresarse, quisieron
advertir a los demรกs, pero muy pocos fueron capaces de percibir el mensaje, y
la mayorรญa de los que lo hicieron, debido a la debilidad de sus entrenadas
mentes, enloquecieron cuando el velo que cegaba su entendimiento fue
descorrido. Demasiada informaciรณn para poder ser asimilada de un solo golpe,
pero a los que conseguรญan sobreponerse e intentaban despertar al resto de los
seres que, al igual que ellos, vivรญan alienados, eran perseguidos, siendo en el
mejor de los casos encerrados por toda la eternidad en las oquedades donde
habita el olvido.
Ahora le
tocaba a ella, pero cuando alzรณ la voz, cuando quiso desenmascarar a los
embaucadores, la apresaron, sometiรฉndola a toda clase de vejaciones para
doblegar su fรฉrrea voluntad. Por eso, para no perder la cordura, repetรญa sin
cesar con voz quebrada una frase que habรญa convertido en su mantra particular:
«La muerte sรญ es el fin».
Era noche
cerrada cuando el ulular del viento la reclamaba. Agotada por una batalla que
no parecรญa tener final, se dejรณ acunar por la dulce brisa que, acariciando su
castigado cuerpo, dio alivio a sus heridas. Mientras marchaba, murmuraba su
singular cancioncilla: «La muerte sรญ es el fin», pero esta vez no habรญa
desesperaciรณn en su voz, una serena sonrisa apareciรณ en su rostro la รบltima vez
que pronunciรณ la frase a la que se habรญa aferrado para poder seguir
subsistiendo.
Al dรญa
siguiente, cuando abrieron su celda, la encontraron vacรญa, descubriendo tan
solo sus ataduras tiradas sobre el frรญo jergรณn, mudo testigo que jamรกs
revelarรญa lo ocurrido entre esas paredes sin ventanas.
Nadie supo
dar cuenta de lo que allรญ sucediรณ; sin embargo, cuentan las gentes del lugar que,
en las noches mรกs siniestras, cuando el frรญo se apodera de los cansados
cuerpos, el gemido del viento trae una voz que entre risas grita:
¡¡¡La
muerte sรญ es el fin!!!
~*~
POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025
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