La lucha por el sufragio femenino

 

El feminismo no es derribar a los hombres, no es querer ser mรกs que ellos. Es luchar por lograr un mundo donde todos seamos tratados con respeto, dignidad e igualdad.

Afortunadamente, los tiempos cambian, y aunque algunos no lo crean, para mejor. Cierto que las conquistas sociales conseguidas no nos las han regalado; han costado muchos aรฑos, sudor, lรกgrimas, constancia y esfuerzo, una lucha tenaz llevada a cabo por unos pocos para que el resto de la sociedad se beneficie, para que pudieran vivir con unos derechos y libertades que en ocasiones ni los que comenzaron con las reivindicaciones pudieron disfrutar. Pero eso no les importaba, porque si algo caracteriza a los valientes que luchan por un mundo mejor, es el pensar en el bienestar de las generaciones futuras.

            Eso fue lo que hicieron estas intrรฉpidas guerreras, que por medio de sus acciones quisieron dejarnos a todas nosotras un mundo un poco mรกs justo, mรกs igualitario. Por ello pelearon con valentรญa, olvidรกndose muchas de ellas de sus propias vidas, sin importarles las consecuencias que les acarrearรญa el no someterse al orden establecido, el salirse del rol para las que fueron educadas, rebelรกndose con todas sus fuerzas ante la injusticia de ser tratadas como ciudadanas de segunda por el simple hecho de haber nacido mujer. Mujeres orgullosas de serlo, pero que no estaban dispuestas a seguir sujetas a una sociedad que les dictaba desde su nacimiento quรฉ podรญan o no hacer. Estas bravas fรฉminas solo querรญan tener los mismos derechos que los hombres, ni mรกs ni menos, y para ello emplearon todas las armas que tuvieron a su alcance. Las sufragistas, mรกs moderadas y, digamos pacรญficas; y las suffragettes que, viendo que con buenas formas y palabras no se conseguรญa nada, estuvieron mรกs dispuestas a utilizar la fuerza si con ello se hacรญan oรญr.

            El camino que estas mujeres iniciaron fue largo; llegar al final es una tarea de todas las personas que quieran vivir en un mundo mรกs justo. Por medio de estas lรญneas, quiero rendir un humilde homenaje a todas esas personas del pasado que no dudaron incluso en dar sus vidas, para que hoy podamos vivir mรกs libre de lo que lo hicieron nuestros antepasados. 

Grandes heroรญnas

            A lo largo de la historia siempre han existido mujeres que se han rebelado contra un sistema que las trataba de forma inferior a los varones. Mujeres valientes que no dudaron en alzar la voz ante tamaรฑa injusticia, muchas fueron tratadas de rebeldes, de histรฉricas, de querer ser hombres. Cuando lo รบnico que pretendรญan era tener los mismos derechos que ellos. No entendรญan el motivo de ser tratadas de forma desigual por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino, no comprendรญan la razรณn por la que se les imponรญa tener que vivir en total sumisiรณn, siempre a la sombra del varรณn.

          Ya durante la Revoluciรณn Francesa, que tuvo lugar entre 1789 y 1799, muchas fueron las mujeres que se enfrentaron al lema de libertad, igualdad y fraternidad que se gritaba por doquier, el motivo no era otro que el quedar totalmente excluidas de lo que con tanta fuerza se proclamaba. Pero de entre todas las mujeres que alzaron la voz como si fuese una, hay que destacar a la escritora Olympe de Gouges, una feminista que, como otras de su mismo tiempo, abogaba por la igualdad de todas las personas, por ello no es de extraรฑar que estas intrรฉpidas mujeres tambiรฉn lucharan en contra de la esclavitud. Pero si por algo pasรณ esta valiente mujer a la historia, mereciendo sin lugar a duda un puesto de honor, es por ser la autora de una obra que redactรณ cuando la Revoluciรณn Francesa se encontraba en todo su apogeo en el aรฑo 1791, titulada Declaraciรณn de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. Evidentemente, lo hizo en contraposiciรณn del texto mรกs importante de la Revoluciรณn Francesa, escrito el 26 de agosto de 1789, titulado Declaraciรณn de Derechos del Hombre y del Ciudadano. En esta obra se establecen los derechos fundamentales de los hombres, un escrito donde en ningรบn lugar se menciona a las mujeres, ni por supuesto a los esclavos.

            Este texto de Gouges es de vital importancia, por ser considerado uno de los primeros que han pasado a la historia por plantear la liberaciรณn de la mujer. Por medio de รฉl, Gouges reclama que las mujeres gocen de los mismos derechos que los varones en todas las facetas de la vida, es decir, tener igualdad legal, profesional, social, familiar y, por supuesto, a nivel personal, algo totalmente impensable en la รฉpoca y que siempre se les negรณ por ser mujeres. Entre estos derechos, como bien podrรก suponer el lector, pidiรณ el derecho a votar, aunque hay que decir que esta peticiรณn no prosperรณ. No obstante, la semilla de la disconformidad sobre el trato que la mujer recibรญa quedรณ claramente sembrada. Ya soplarรญan vientos mรกs favorables. Asรญ y todo, aรบn tuvo que pasar mucho tiempo para que la mujer dejase de ser considerada una ciudadana de segunda, aunque desgraciadamente, en pleno siglo XXI, demasiados son los paรญses en donde las mujeres todavรญa son discriminadas por razรณn de su sexo, sufriendo duros castigos las que osan levantarse contra un sistema que no las trata en igualdad.

            No hay que perder de vista que incluso a principios del siglo XX, antes de que estallase la Gran Guerra, se consideraba a las mujeres inferiores a los hombres en todos los aspectos. La ciencia no dudaba en afirmar que el intelecto de las fรฉminas era inferior al de los varones, argumento perfecto para que estos seรฑores dijesen que, si ellas eran menos inteligentes, lo normal era que no tuviesen los mismos derechos. Esto incluรญa tambiรฉn la participaciรณn de las mujeres en la polรญtica, algo que se consideraba totalmente fuera de los asuntos que una mujer debiera tratar. Para estos sabios estaba claro que las fรฉminas no debรญan, por lo tanto, tener derecho al voto. La participaciรณn en polรญtica quedaba restringida รบnicamente a los hombres, aunque hay que decir que tampoco todos los hombres tenรญan derecho al voto en estos tiempos. Una รฉpoca donde no solo el machismo, sino tambiรฉn el clasismo, era la norma. Afortunadamente, las cosas iban a cambiar, gracias a la lucha de muchas mujeres que no dudaron en poner sus vidas en peligro si fuese necesario, o que incluso las perdieron por una causa mรกs que justa. La Primera Guerra Mundial, podrรญa decirse que marcรณ un hito en lo que a los derechos de las mujeres se refiere; los hombres fueron a luchar por lo que sus puestos de trabajo quedaron vacantes, siendo ocupados por estas.

En Gran Bretaรฑa, lugar al que nos desplazaremos prรณximamente por el importante papel que jugรณ en la lucha por conseguir que las mujeres pudiesen votar, a principios del pasado siglo el 70% de la poblaciรณn femenina tenรญa un trabajo remunerado, una cifra nada despreciable. El problema era que las mujeres que trabajaban en las fรกbricas o en las minas no lo hacรญan en igualdad de condiciones que sus compaรฑeros. Como ejemplo he de mencionar que el sueldo que ellas cobraban por desempeรฑar el mismo trabajo que los hombres era inferior; su explotaciรณn, por tanto, era mayor. Tampoco se les permitรญa acceder a puestos de responsabilidad, quedando siempre supeditadas a los hombres que sรญ gozaban de este derecho. La Universidad era campo vetado para ellas; tan solo las mujeres cuyas familias tenรญan cierto poder adquisitivo podรญan conseguir una educaciรณn superior, eso sรญ, impartida dentro de sus hogares. No es extraรฑo que toda esta discriminaciรณn hiciera estallar a unas mujeres que tenรญan que vivir a diario tales dislates, por lo que no debe sorprender que cada vez mรกs estuviesen descontentas con la situaciรณn de inferioridad que estaban obligadas a sufrir. Un rol impuesto desde la cuna y que las marcaba de por vida, algo que no iban a seguir perpetuando las pioneras de un movimiento emergente que arraigaba cada vez con mรกs fuerza. El feminismo se propuso romper con las leyes que, de forma absurda, no les permitรญan, entre otros muchos temas, realizar actividades que hoy nos parecen normales, como no poder comprar o vender, viajar ni trabajar a no ser que tuviesen el permiso de sus esposos. En definitiva, les estaba prohibido ejercer su libertad al igual que lo hacรญan los hombres en cualquier aspecto de sus vidas. La lucha por el voto de la mujer habรญa dado comienzo y ya nada podrรญa detenerlo, el camino serรญa largo y no exento de dificultades, pero las mujeres no estaban dispuestas a claudicar.

            Sigamos avanzando en la historia de esta justa causa, para ello no podemos obviar hablar del momento en el que los historiadores sitรบan el nacimiento del sufragismo. Vamos a trasladarnos al aรฑo 1848, donde se crea la Declaraciรณn de Sentimientos y Resoluciones de Seneca Falls. Fue entre los dรญas 19 y 20 de julio de este aรฑo de 1848 cuando se dan cita sesenta y ocho mujeres y treinta y dos hombres de ideologรญas liberales y abolicionistas para firmar un documento, en el que se trataba una cuestiรณn tan relevante como eran los derechos de las mujeres. La pionera feminista estadounidense Elizabeth Cady Stanton fue la que dio forma a esta Declaraciรณn de Sentimientos, para presentarla junto a la tambiรฉn pionera feminista Lucretia Mott en la primera convenciรณn de derechos de la mujer que se celebrรณ en el pueblo de Seneca Falls, situado en el estado de Nueva York. En este importante documento, expusieron la situaciรณn a la que las mujeres se veรญan sometidas, sobre todo en lo que a polรญtica se referรญa: no tener derecho a votar, no poder ser elegidas para cargos pรบblicos, no afiliarse a partido polรญtico alguno, no estar presentes en reuniones de carรกcter polรญtico... Un texto de gran importancia por considerarse primordial en la fundaciรณn del movimiento feminista, siendo a partir de este momento cuando podemos hablar del comienzo del sufragismo. Mujeres que se organizan para reunirse periรณdicamente para hablar de los derechos civiles que todas deberรญan tener, pero que no se quedan ahรญ, porque tambiรฉn reclamaron su derecho a tener participaciรณn en el รกmbito polรญtico. Al igual que los hombres, quieren votar y ser votadas, elegir y ser elegidas, en definitiva, igualdad de oportunidades en la esfera polรญtica. Esta andadura que comenzรณ en 1848 dio sus frutos, concluyendo un siglo despuรฉs en 1948 con la Declaraciรณn Universal de los Derechos Humanos, ratificada por las Naciones Unidas. Un documento donde el artรญculo 21.1 manifiesta que «toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su paรญs, directamente o por medio de representantes libremente escogidos».

Sufragistas y suffragettes

            Sufragistas y suffragettes, dos grupos que, aunque perseguรญan un mismo fin, tomaron caminos diferentes para conseguir sus objetivos. La palabra sufragista quizรก nos sea mรกs familiar que suffragette, en realidad, este vocablo era utilizado a finales del siglo XIX y principios del XX por las francesas que lucharon por el sufragio femenino, es decir, por el derecho que toda mujer deberรญa tener para votar. En esta lucha que tambiรฉn tuvo sus precursoras en el vecino paรญs, hay que destacar la figura de Humbertine Auclert. Esta periodista de profesiรณn destacรณ por ser la primera mujer a la que se puede llamar sufragista en Francia, tambiรฉn fue la primera en utilizar el tรฉrmino feminista para denunciar la discriminaciรณn que sufrรญan las mujeres en todos los รกmbitos. Por ello no dudรณ en adoptar las tรกcticas de sus compaรฑeras de lucha en Gran Bretaรฑa, las suffragetes. Un llamamiento a la desobediencia civil. En el aรฑo 1876, Humbertine Auclert crea la sociedad The Rights of Women, con la pretensiรณn de obtener el voto para las mujeres, aunque posteriormente, en 1883, esta cambiรณ su nombre a Women's Suffrage Society. Sin lugar a duda, Humbertine Auclert es todo un referente en la historia de los derechos de las mujeres en su paรญs, y por supuesto fuera de รฉl.

            En el Reino Unido, la palabra suffragette tuvo un significado peyorativo. Si hacemos caso a lo que nos dice el diccionario publicado por la editorial Oxford University Press, la primera vez de la que se tiene noticia de la utilizaciรณn de esta palabra fue en el aรฑo 1906; el autor que la puso en uso fue el periodista Charles E. Hands, quien no dudรณ en plasmarla en el periรณdico britรกnico Daily Mail. Pero, lejos de emplearla para referirse sin menosprecio a las mujeres que defendรญan su derecho a votar, Hands utilizรณ el tรฉrmino suffragette para mofarse y tratar despectivamente a estas mujeres. Tambiรฉn con esta palabra se pretendรญa diferenciarlas de las sufragistas, que, aunque perseguรญan el mismo objetivo, utilizaban tรกcticas diferentes. En realidad, la diferencia entre sufragistas y suffragettes, se podrรญa decir, radicaba en el camino a seguir para conseguir la igualdad. Las sufragistas eran mรกs moderadas; no les importaba ir despacio a la hora de conseguir sus reivindicaciones. Sus mรฉtodos nunca iban en contra de la ley, intentando convencer con sus argumentos. Otra caracterรญstica era que las sufragistas aceptaban tambiรฉn a hombres dentro de su cรญrculo; en cambio, las suffragettes no. Estas mujeres, cansadas de que las palabras y las buenas formas no las llevaban a conseguir la deseada igualdad, no dudaron en ser mรกs enรฉrgicas a la hora de luchar por sus derechos. Por ello, no era extraรฑo verlas en manifestaciones, organizando protestas e incluso no vacilaron a la hora de recurrir a hacer huelgas de hambre. A diferencia de sus compaรฑeras mรกs moderadas, a ellas no les importaba exigir sus propuestas saltรกndose la ley si fuese necesario. Pero la palabra suffragette, que naciรณ en un intento de ridiculizar el movimiento, pronto fue aceptada por la activista Emmeline Pankhurst, quien la aceptรณ para diferenciarse de las sufragistas.

            Pero antes de seguir hablando de estos dos grupos, hay que aclarar que no pocas voces se alzaron en contra del sufragio femenino, hasta el punto de que el 21 de julio de 1908, en la ciudad de Londres, Mary Humphrey, Lord Curzon y William Cremer fundan la Liga Nacional contra el sufragio de las mujeres. Un movimiento que consiguiรณ que 337.018 personas firmasen en contra de que las mujeres votasen. No hay que perder de vista que, en el Reino Unido a comienzos del pasado siglo, tanto los polรญticos que pertenecรญan al Partido Liberal como los del Partido Conservador se oponรญan ferozmente al sufragio femenino; las mujeres a nivel polรญtico tan solo contaban con el apoyo del reciรฉn nacido Partido Laborista. Como vemos las mujeres en su lucha por conseguir su derecho al voto, no solo se tenรญan que enfrentar a unos polรญticos de mentes cuadriculadas, tambiรฉn tuvieron que encarar a muchos ciudadanos que no las miraban con buenos ojos. Personas que pensaban que por ser del sexo femenino no tenรญan el suficiente talento para entender algo tan complejo como eran los asuntos que trataban los polรญticos; por tanto, quedaba claro que no debรญan votar. Ademรกs de considerarlas inferiores intelectualmente, se burlaban de las que se adherรญan a esta lucha tachรกndolas de feas y solteronas. ¿Nos suenan estos insultos?

            Muchas fueron las personas en el Reino Unido que lucharon para que las leyes fuesen modificadas, para incluir a las mujeres en el รกmbito polรญtico, para que pudiesen votar por unas leyes que claramente las discriminaban. Esta lucha cobrรณ mรกs fuerza de 1832 a 1928. El siglo XIX fue de gran importancia para el avance de la mujer dentro de una sociedad que no la incluรญa en asuntos que se consideraba escapaban a su intelecto, pero las mujeres, cansadas de ser consideradas ciudadanas de segunda, no dudaron en comenzar a reclamar cada vez con mรกs fuerza lo que se les negaba solo por ser del sexo femenino. Por ello, no es extraรฑo ver cรณmo comenzaron a proliferar diferentes movimientos y asociaciones polรญticas para pedir igualdad. Lo รบnico que pretendรญan era tener los mismos derechos que los varones.. El camino a la igualdad real es largo; se ha avanzado mucho sin duda, pero aรบn queda un buen trecho por recorrer, en unos paรญses mรกs que en otros.

            No serรญa justo decir que esta lucha solo fue de mujeres; tambiรฉn hubo hombres que se posicionaron a favor de que sus compaรฑeras tuviesen los mismos derechos que ellos. Entre estos hombres estuvo el filรณsofo y polรญtico John Stuart Mill, que era miembro del Partido Liberal, un hombre que siempre defendiรณ la libertad individual de todas las personas; por tanto, no es de extraรฑar que estuviese en contra de la esclavitud. Como defensor de los derechos humanos, tampoco debe sorprender que estuviese a favor del sufragio femenino. Se podrรญa decir sin temor a equivocarnos que Mill fue uno de los primeros feministas; no en vano escribiรณ diferentes artรญculos donde trata la temรกtica de los derechos de las mujeres. En 1869 escribe un ensayo titulado La esclavitud de las mujeres, escrito en el que reconoce como fueron de gran ayuda para realizarlo su esposa Harriet Taylor Mill y su hija Helen Taylor. Aquรญ Mill expone que la construcciรณn del gรฉnero es un obstรกculo para la mujer, asรญ como lo son tambiรฉn la sociedad, la educaciรณn y el matrimonio.

Mujeres que no recibรญan la misma educaciรณn acadรฉmica que los hombres, educadas para casarse y tener hijos, para depender econรณmicamente de sus maridos, para preocuparse solo de tener un buen fรญsico que agradase a los ojos de los hombres; cultivar sus mentes era irrelevante. El รบnico recurso para sobrevivir de la gran mayorรญa era pasar de la casa paterna a la casa del esposo; si alguna intentaba revelarse, era rรกpidamente silenciada. Se las tachaba de locas, de histรฉricas o de algo peor. Las mujeres debรญan ser sumisas, obedientes y ajustarse al rol que la sociedad les asignaba. John Stuart Mill fue uno de los hombres valientes que luchรณ contra este estereotipo no solo de palabra; รฉl pasรณ a la acciรณn intentando en 1866 introducir una ley que contemplase el voto femenino. Solo consiguiรณ 88 votos a favor de su propuesta. Pero su derrota y las derrotas que vendrรญan despuรฉs serรญan pequeรฑos triunfos. La idea revolucionaria de que mujeres y hombres tuviesen los mismos derechos ya habรญa sido implantada en las mentes de las personas que tiempo atrรกs ni tan siquiera se habrรญan planteado algo tan osado, o si lo pensaron, no se atrevรญan a manifestarlo en voz alta. Una idea que mรกs tarde o mรกs temprano germinarรญa dando los frutos deseados.

            Como ya se ha dicho, en esta lucha por conseguir el derecho al voto femenino existรญan dos grupos. Por una parte, tenemos a las sufragistas mรกs moderadas, aquellas que pensaban que podรญan obtener sus fines por medios pacรญficos, a travรฉs del dialogo, de plantear buenos argumentos; estas estuvieron lideradas por Millicent Fawcett. Por otra parte, sin embargo, nos encontramos con mujeres indignadas al ver cรณmo hablar no servรญa de nada, hartas de que se rieran de ellas y de que sus justas reivindicaciones no fuesen escuchadas, mujeres que, cansadas de esperar, pensaban que debรญan pasar a la acciรณn. La lรญder de estas intrรฉpidas mujeres fue Emmeline Pankhurst.

            No obstante, no debemos pensar que todo eran derrotas; las feministas tambiรฉn cosecharon algunas victorias, pero a pesar de que la sociedad parecรญa ir avanzando, el derecho al voto les seguรญa vetado. Por lo que Millicent Garrett Fawcett crea en el aรฑo 1897 la Uniรณn Nacional de Sociedades de Sufragio Femenino, cuyas siglas en inglรฉs son NUWSS, una mujer que por 50 aรฑos fue la lรญder del movimiento sufragista moderado en el Reino Unido. La finalidad de esta asociaciรณn era conseguir el voto para la mujer por medios pacรญficos. Para ello convocaron mรญtines, hicieron diversas campaรฑas, repartieron folletos, organizaron diferentes reuniones, tambiรฉn recurrieron a presentar solicitudes al Parlamento, todo dentro de la legalidad y sin alterar el orden pรบblico. Actos que no sirvieron para conseguir su objetivo, lo que dejaba claro que la vรญa del diรกlogo no era efectiva, ya que por mรกs de 50 aรฑos se habรญa intentado conseguir el sufragio femenino utilizando estos mรฉtodos sin conseguir absolutamente nada. Millicent Fawcett intentรณ por todos los medios legales a su alcance convencer a los hombres que ostentaban cargos polรญticos de la necesidad de que las mujeres tambiรฉn pudiesen ejercer su derecho al voto. Uno de sus argumentos era que ellas, al igual que los varones, debรญan obedecer las leyes; por lo tanto, acaso, ¿no serรญa justo que las mujeres pudiesen colaborar en elaborar esas leyes?

                 Sin duda alguna, Millicent Fawcett es un pilar fundamental dentro del feminismo, tanto dentro como fuera de sus fronteras. Fue una gran impulsora a la hora de abogar para que la mujer tuviese acceso a una educaciรณn, algo de gran importancia para conseguir la igualdad con los hombres. Por ello no dudรณ en ser una de las fundadoras de una de las primeras universidades para mujeres que hubo en Inglaterra en 1871, el Newnham College en la Universidad de Cambridge. Una mujer valiente y comprometida desde sus comienzos, ya que en el aรฑo 1869 hablรณ en pรบblico a favor del sufragio femenino, en una รฉpoca donde no era frecuente ver a mujeres dando discursos frente a una multitud. Con la publicaciรณn que escribiรณ en 1917 y que lleva por tรญtulo The Position of Women in Economic Life, Fawcett quiere llamar la atenciรณn sobre los numerosos impedimentos a los que se enfrentan las mujeres para conseguir un puesto de trabajo, por lo que ante esta injusticia demanda que estas tengan las mismas oportunidades que los hombres, ya sea en este o en cualquier otro รกmbito de la vida. Millicent Fawcett fue quien, junto a John Mill, pide al Parlamento en 1866 que la mujer pueda votar al igual que hacen los hombres. Esta solicitud estuvo avalada por la firma de 1.499 mujeres y, aunque no tuvo รฉxito, este revรฉs dio comienzo al sufragio como movimiento social.

            La asociaciรณn que lideraba Fawcett se caracterizaba porque muchos de sus miembros se declaraban abiertamente pacifistas, por lo que cuando en 1914 comienza la Primera Guerra Mundial, se niegan a participar en esta. Durante el tiempo que dura la Gran Guerra, continรบan con su labor a favor del sufragio femenino; para ello no dudan en alabar el trabajo que las mujeres realizaron durante el tiempo que durรณ la contienda al tener que ocupar los puestos de trabajo que los hombres se vieron obligados a abandonar para ir al frente. Un trabajo que desarrollaron con la misma eficacia que sus compaรฑeros.

            La lucha de esta mujer fue ejemplar, su trabajo incansable tuvo sus frutos, y aunque la victoria no fue plena en 1918, las mujeres mayores de 30 aรฑos consiguieron poder votar. A pesar de este logro, aรบn quedaba mucho por hacer. Despuรฉs de dedicar toda una vida por conseguir la igualdad entre mujeres y hombres, Millicent Garrett Fawcett fallece en 1929. Su nombre estรก ligado a la asociaciรณn feminista Fawcett Society, una sociedad que sigue luchando por conseguir la igualdad entre mujeres y hombres. Millicent Fawcett pertenecรญa a las sufragistas moderadas, pero no todas las mujeres estaban dispuestas a seguir esperando, eso fue lo que le ocurriรณ a Emmeline Pankhurst Goulden que cansada de esperar aรฑo tras aรฑo viendo que las palabras y seguir el curso legal no conducรญan a nada, decidiรณ pasar a la acciรณn directa, al contrario que su compaรฑera Fawcett las reivindicaciones de Pankuhurt no eran nada pacรญficas, para llamar la atenciรณn sobre su descontento tanto ella como sus seguidoras no dudaron en hacer pintadas en edificios de la ciudad, marchas de protestas, incendiar comercios, romper cristales, y como estas mujeres no se amedrentaban no dudaron en arremeter contra las viviendas de los polรญticos que les negaban el derecho al voto, interrumpieron mรญtines disfrazadas de hombre porque no tenรญan permiso para asistir, lanzaron octavillas, pusieron mostradores informativos en las calles e incluso llegaron a encadenarse en las verjas del Parlamento. Esta diferencia de actuaciรณn con respecto al sector mรกs moderado hizo que se separaran de las sufragistas, adoptando el nombre de suffragettes, una denominaciรณn que comenzaron a decirles de forma despectiva y que estas mujeres hicieron suya para diferenciarse de las que preferรญan seguir el camino de la legalidad. El lema de estas mujeres ya lo decรญa todo: ¡Deeps, no Words!, es decir, ¡Hechos, no palabras!, su rebeldรญa y provocaciรณn las llevaba a hacer actos que muchos reprobaban. Emmeline Pankhurst, junto a otras mujeres hartas de palabrerรญa, funda el 10 de octubre de 1903 La Uniรณn Polรญtica y Social de Mujeres, cuyas siglas en inglรฉs son WSPU. Un grupo donde รบnicamente se aceptaba a mujeres dispuestas a darlo todo para conseguir de una vez por todas ser escuchadas en el Parlamento, y no solo ser escuchadas; tambiรฉn reclamaban que sus propuestas se hicieran efectivas. Se cree que entre 1903 y 1913 fueron encarceladas alrededor de 1.100 suffragettes. La represiรณn que sufrieron estas mujeres no las hizo desistir, de forma que a partir de 1909 todas las que fueron encarceladas debido a unos actos considerados vandรกlicos comenzaron a hacer huelgas de hambre, por lo que el Gobierno britรกnico tomรณ medidas drรกsticas alimentando a las mujeres a la fuerza por medio de sondas, un mรฉtodo violento que ocasionaba que las mujeres que fueron sometidas a esta tortura gritasen de dolor. La primera feminista que adoptรณ esta actitud por voluntad propia fue Marion Wallace Dunlop, quien tras aguantar 91 horas sin comer fue liberada dado su delicado estado de salud. Debido a esto, el gobierno optรณ por una ley que se llegรณ a conocer como la del «gato y el ratรณn». Esta consistรญa en que, cuando una huelguista se encontraba demasiado mal, era enviada a su casa para que se recuperase, pero cuando la mujer mejoraba, volvรญa a ser encarcelada de nuevo. No obstante, estas mujeres siguieron adelante a pesar de ser encarceladas y recibir un trato brutal. Sus gritos, sus protestas, sus huelgas de hambre, el que fueran alimentadas de forma forzosa causรกndoles sufrimiento, fue recogido por la prensa del momento, en ocasiones de forma burlona. Todo esto hizo que las medidas tomadas por las suffragettes fuesen aรบn mรกs violentas; cortaron los cables del telรฉgrafo, prendieron fuego a vagones de trenes, arremetieron contra iglesias y edificios pรบblicos por medio de arrojar bombas incendiarias e incluso muchas de ellas llegaron a portar diferentes armas; tambiรฉn aprendieron artes marciales y crearon un cuerpo de seguridad para proteger a sus lรญderes.

            Tanto Pankhurst como tres de sus hijas sufrieron encarcelamiento; la madre fue llevada a prisiรณn por primera vez en febrero de 1908 por querer entregar al primer ministro Herbert Henry Asquith una serie de disposiciones. En total, Emmeline Pankhurst fue arrestada hasta siete veces y, al igual que sus compaรฑeras, se negaba a comer, teniendo que soportar el suplicio de ser alimentada a la fuerza. Su delicado estado de salud hizo que, en muchas ocasiones, a los pocos dรญas de ser arrestada, fuese puesta en libertad, para luego, una vez restablecida, volver a ser encarcelada. Sus hijas tambiรฉn fueron llevadas presas, Christabel por escupir a un policรญa y sus hermanas Adela y Sylvia por protestar por los alrededores del Parlamento. Muchas fueron las tensiones que se sufrieron en esas fechas, lo que llevรณ a que en varias ocasiones estas mujeres fuesen agredidas, siendo muchas de ellas heridas de diversa consideraciรณn, pero estos ataques lo รบnico que conseguรญan era que el grupo cada vez se radicalizara mรกs en sus protestas, lo que ocasionรณ que algunos de sus miembros mรกs influyentes abandonaran la WSPU por no estar de acuerdo con unos mรฉtodos cada vez mรกs violentos.

            Pero si hubo una mujer que lo arriesgรณ todo por la causa, esa fue sin duda Emily Wilding Davison, quien pisรณ la cรกrcel nada menos que ocho veces debido a su activismo. Su รบltima apariciรณn fue en el Derby Epsom que se celebrรณ el 4 de junio de 1913; en este acto participaba Anmer, que era el caballo del rey Jorge V. El propรณsito de Emily era llamar la atenciรณn colocรกndole al animal una bandera donde podรญa leerse «votos para las mujeres», pero la mala suerte quiso que el caballo no parase, llevรกndosela por delante y ocasionando que tanto ella como Herbert Jones, que era el que montaba al cuadrรบpedo, sufriesen un aparatoso accidente. Como consecuencia, Emily Davison muriรณ cuatro dรญas despuรฉs en el hospital debido a una fractura de crรกneo y lesiones internas. En cuanto al jinete, la contusiรณn que tuvo debido a la caรญda no revistiรณ demasiada gravedad. En este fortuito accidente, el que se llevรณ la mejor parte fue Anmer, que se levantรณ sin haber sufrido daรฑo alguno, llegando a la meta, eso sรญ, sin su jockey.

            El funeral de Davison fue multitudinario, un desgraciado accidente que hizo pensar a muchas personas sobre la lucha de estas mujeres. Emily Davidson fue enterrada en un terreno que pertenecรญa a su familia. Sobre su lรกpida reza el lema de las suffragettes: ¡Hechos, no palabras!

La Gran Guerra

            El comienzo de la guerra en 1914 y el que Gran Bretaรฑa tomase parte en ella supuso un cambio en el pensamiento de estas mujeres; las suffragettes decidieron que en esos momentos donde su paรญs se encontraba amenazado por las fuerzas enemigas, era mรกs importante poner sus energรญas y prestar toda la ayuda posible a su gobierno que seguir con la lucha del sufragio femenino, para eso ya habrรญa tiempo. Como muestra de su incondicional apoyo, llegaron a cambiar el tรญtulo de una publicaciรณn a la que llamaban The Suffragette por Britannia; esta revista ve la luz por primera vez en abril de 1915.

            Ya para el aรฑo 1917, Emmeline Pankhurst decide que la Uniรณn Social y Polรญtica de las Mujeres (WSPU) debe desaparecer para dar paso en su lugar al Partido de las Mujeres, asociaciรณn que Pankhurst funda junto con su hija Christabel. La guerra seguรญa su avance y estas mujeres ofrecieron sus servicios para ayudar en lo que fuese menester; sus esfuerzos no cayeron en el olvido, ya que en 1917, poco antes de que esta contienda concluyese, se comenzรณ a valorar si la ley electoral en el Reino Unido debรญa ser reformada, una ley que fue aprobada en 1884 y que tan solo permitรญa votar a los varones, siempre y cuando estos poseyeran una posiciรณn econรณmica mรกs que holgada, algo que no cumplรญa la mayorรญa de la poblaciรณn masculina del paรญs. No fue hasta 1918 que se tomรณ la decisiรณn de que todos los hombres mayores de 21 aรฑos y las mujeres mayores de 30 que tuviesen alguna propiedad pudiesen votar. Cierto que aรบn la discriminaciรณn era clara, pero ya se habรญa dado un paso, uno que los llevarรญa a una victoria mayor al cabo de diez aรฑos cuando en 1928 por fin el Parlamento britรกnico ratificรณ la ley donde aprobaba que toda persona mayor de 21 aรฑos tenรญa derecho al voto, sin distinciรณn de sexo. El sufragio universal dejรณ de ser una quimera para convertirse en una realidad. Toda la lucha, todo el sufrimiento de estas mujeres habรญa merecido la pena.

            Desgraciadamente, Emmeline Pankhurst no pudo disfrutar demasiado de esta victoria; su salud se fue deteriorando debido a diferentes causas: interminables y agotadores viajes donde daba charlas, acudรญa a mรญtines; las huelgas de hambre comenzaron a pasarle factura; los diferentes encarcelamientos por los que pasรณ y las condiciones penosas que tuvo que soportar mientras estuvo en prisiรณn, no solo en cuanto a privaciones materiales, tambiรฉn a nivel psicolรณgico cuando escuchaba los gritos desgarrados de sus compaรฑeras, algo que Pankhurst no pudo olvidar en su vida. Todo esto fue minando su cuerpo hasta que el 14 de junio de 1928 su deterioro le condujo a la muerte. Una gran multitud de personas acudiรณ a su entierro para darle el รบltimo adiรณs, siendo enterrada en el Cementerio Brompton de Londres.

            Aunque es cierto que fueron muchos los que criticaron duramente sus mรฉtodos, teniendo detractores que aseguraban que su violencia mรกs que beneficiar perjudicaba la causa de las mujeres, no hay que olvidar que gracias a Pankhurst, a su lucha incansable, el sufragio femenino se hizo una realidad. Su trabajo, su determinaciรณn consiguieron que las mujeres diesen un paso mรกs hacia la igualdad. No en vano, cuando muriรณ, el diario neoyorkino The New York Herald Tribune, a modo de tributo, le dedicรณ unas bellas palabras cuando publicรณ que Emmeline Pankhurst era «la mรกs notable agitadora polรญtica y social de la primera parte del siglo XX y la suprema protagonista de la campaรฑa de emancipaciรณn electora de las mujeres». Pero esto no ha sido todo, ya que, en el aรฑo relativamente reciente de 1999, la revista semanal estadounidense Time concluyรณ no sin razรณn que Emmeline Pankhurst es una de las 100 personas mรกs relevantes de todo el siglo XX. De esta mujer, esta publicaciรณn afirmรณ que «ella moldeรณ una idea de mujeres para nuestra รฉpoca; impulsรณ a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya no podรญa haber vuelta atrรกs». Sin duda se ganรณ un merecido lugar en la historia, como otras tantas mujeres y hombres conocidos o anรณnimos que se esforzaron por contribuir de la forma que podรญan a que la sociedad que les tocรณ vivir fuese un poco mรกs justa para todas las personas, un mundo donde la igualdad no sea una ilusiรณn. Una utopรญa que podrรญa convertirse en realidad si no cejamos en el empeรฑo.

            No debemos pensar que la lucha por el sufragio femenino se dio solo en Gran Bretaรฑa o los Estados Unidos; es cierto que en estos paรญses tuvo una gran repercusiรณn por la forma de actuar de las feministas. Pero hay que entender que el feminismo es un movimiento colectivo, ataรฑe a todos los paรญses del mundo. Las feministas del pasado y las del presente no actรบan de forma individual, estรกn conectadas y perfectamente organizadas a nivel mundial. Claro que no en todos los lugares del planeta existe un equilibrio con respecto a este tema, ya que hay paรญses que se encuentran reclamando unos derechos que en otros estรกn mรกs que conseguidos. La igualdad entre todos los seres humanos no es un mero capricho, es una cuestiรณn de justicia social. Por lo tanto, hay que entender que el feminismo no busca el bien individual, aspira al bien colectivo.

El sufragio femenino en Espaรฑa

          No podemos terminar sin hablar, aunque sea de forma resumida, del sufragio femenino en Espaรฑa, de las mujeres y los hombres que hicieron del derecho al voto femenino una realidad. Muchas son las feministas que contribuyeron de una u otra forma a que esto se lograse; ya hemos hablado anteriormente de Concepciรณn Arenal, llamada no sin razรณn la madre del feminismo espaรฑol. Pero hubo muchas otras, entre ellas una que fue olvidada por demasiado tiempo: la gran Clara Campoamor.

            En nuestro paรญs la lucha por el sufragio femenino tambiรฉn fue ardua, teniendo en un principio pocos defensores y demasiados detractores, pero esto no amilanรณ a Clara Campoamor, que con su discurso y sus argumentos supo derribar a cada uno de sus adversarios y tambiรฉn de sus adversarias.

            Antes de continuar, me gustarรญa aclarar la diferencia que existe entre el sufragio pasivo y el activo. Porque si bien el primero reconoce el derecho de todo ciudadano a ser elegido, no recoge el derecho de todos a poder votar. De esta forma vemos cรณmo en diferentes paรญses las mujeres, aunque podรญan presentarse como candidatas, tenรญan vetado el derecho a votar. Sin embargo, cuando se habla de sufragio activo, se entiende que toda persona que cumpla con los requisitos estipulados en las leyes puede votar. En Espaรฑa, la entrada de la mujer en la polรญtica pasรณ por diversos avatares. La famosa Constituciรณn de Cรกdiz de 1812, conocida de forma popular como La Pepa, contemplaba que la mujer podรญa formar parte del parlamento, aunque es cierto que para ellas era mรกs complicado acceder a estos puestos. El sufragio que existรญa en nuestro paรญs era pasivo, por lo que las mujeres no podรญan votar a sus representantes. La primera vez que la mujer pudo votar fue durante el Catรณn de Cartagena que tuvo lugar en 1874; posteriormente, durante la dictadura de Primo de Rivera, parecรญa que el sufragio femenino iba a ser posible, aunque tan solo se aprobรณ para aquellas que eran cabeza de familias y a nivel municipal. En cualquier caso, esto quedรณ en un intento porque esas elecciones no llegaron a celebrarse.

            Pero cuando realmente se puede hablar del derecho al voto de la mujer en Espaรฑa fue cuando se aprobรณ el 9 de diciembre la Constituciรณn espaรฑola de 1931, donde por primera vez se incluye el derecho de las mujeres a votar, un recorrido no exento de polรฉmica donde Clara Campoamor tuvo un papel protagonista defendiendo con la palabra el motivo por el cual todas las mujeres deberรญan tener ese derecho. La II Repรบblica no podรญa dejar a un lado a unas ciudadanas en el camino por conseguir la igualdad.

            Es cierto que en la fecha que nos ocupa (1931), las mujeres podรญan ser elegidas, pero lo que no podรญan era ser electoras. Hablamos, por lo tanto, de sufragio pasivo; en cualquier caso, el nรบmero de mujeres era muy inferior al de hombres. En ese momento solo tres mujeres fueron elegidas parlamentarias: por el Partido Socialista Obrero Espaรฑol estaba Margarita Nelken; Clara Campoamor pertenecรญa al Partido Republicano Radical y, finalmente, Victoria Kent en las listas del Partido Republicano Radical Socialista. La disputa por el voto femenino la protagonizaron sobre todo Clara Campoamor, que estaba a favor, frente a Victoria Kent, que se oponรญa a que la mujer tuviese derecho al voto, al menos de momento. Una batalla dialรฉctica que afortunadamente ganรณ la primera.

            Clara Campoamor no solo defendรญa el derecho de la mujer a votar; querรญa erradicar la discriminaciรณn que sufrรญa la mujer respecto al hombre en todos los niveles. Propuso que todos los hijos fuesen iguales ante la ley, aunque estos se hubiesen tenido fuera de la instituciรณn matrimonial; estaba a favor del divorcio y, por supuesto, del sufragio universal. De todo lo que pidiรณ, el derecho al voto femenino le fue denegado, por lo que la victoria no fue total; aรบn tendrรญa que librar mรกs batallas hasta conseguir el sufragio femenino. Sus compaรฑeros en la polรญtica pensaban que la mujer no estaba preparada para ejercer su derecho al voto, argumentaban que estaban demasiado influenciadas por la iglesia, y que al final votarรญan lo que esta les dictase, lo cual perjudicarรญa claramente a la izquierda. Otros argumentos estaban basados sin duda en el machismo de la รฉpoca; decรญan que la mujer era demasiado sensible, que se dejaba llevar por las emociones, que era histรฉrica, poco reflexiva, nada crรญtica. El polรญtico Manuel Hilario Ayuso Iglesias, que pertenecรญa al Partido Republicano Federal, llegรณ a decir que «el histerismo impide votar a la mujer hasta la menopausia». Desgraciadamente, no fue el รบnico que hizo comentarios de estas caracterรญsticas. En cuanto a Victoria Kent, se posicionรณ al lado de los que querรญan negar el voto a la mujer; ella, al igual que sus compaรฑeros, apelaba a la escasa formaciรณn de las mujeres, a su sometimiento a la iglesia, lo que favorecerรญa a los conservadores. Por su parte, Margarita Nelken querรญa retrasar el sufragio femenino por considerarlo un peligro para la Repรบblica. Pero Clara Campoamor no se dejรณ amilanar y rebatiรณ con maestrรญa todos y cada uno de los sinsentidos que cada uno de los polรญticos expusieron, consiguiendo que algunos parlamentarios de partidos distintos la respaldasen en su peticiรณn. Cuando Victoria Kent apelรณ a la escasa preparaciรณn de las mujeres y el poco entendimiento que estas tenรญan para votar con sensatez, Clara Campoamor le contestรณ: «¿De quรฉ se acusa a la mujer? ¿De ignorante? Si se trata de analfabetismo, las estadรญsticas afirman que, desde 1886 a 1910, el nรบmero de analfabetas entre las mujeres ha disminuido en 48.000, mientras que en los hombres en menos proporciรณn. La curva ha seguido asรญ hasta hoy, un momento en que la mujer es menos analfabeta que el hombre». Terminรณ diciendo que, si la mujer habรญa sido excluida de tener derechos polรญticos, era porque desde siempre los hombres se habรญan apropiado de las leyes. El discurso que Campoamor dio en las Cortes fue decisivo para que finalmente el 1 de octubre de 1931 se aprobara el derecho al voto de las mujeres; el resultado fue 161 votos a favor frente a 121 en contra.

            La victoria conseguida le costรณ cara; en 1933 no pudo renovar su escaรฑo, lo que la llevรณ a abandonar su partido polรญtico, no consiguiendo ser admitida por ningรบn otro. Desilusionada, en mayo de 1935 escribiรณ El voto femenino y yo: mi pecado mortal, obra en la que expone todas sus luchas en el parlamento a la hora de defender con ahรญnco los derechos de las mujeres y donde tambiรฉn expresa la soledad a la que tuvo que enfrentarse a nivel polรญtico. Cuando estalla la Guerra Civil, decide irse del paรญs, marchรกndose a Argentina, tiempo en el que trabaja de traductora y que aprovecha para escribir muchas de sus obras. Mรกs adelante, hacia 1955, se traslada a Suiza, donde ejerce su profesiรณn de abogada hasta que su agotada vista le abandona. Clara Campoamor muere de cรกncer un 30 de abril del aรฑo 1972; siendo incinerada para que sus restos, de forma clandestina, llegasen a nuestro paรญs. Hoy, la que fue la principal defensora del sufragio femenino en las Cortes Constituyentes de la Segunda Repรบblica, descansa en el cementerio de Polloe en San Sebastiรกn.

¡Hechos, no palabras!

POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025

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