La lucha por el sufragio femenino
El feminismo no es derribar a los hombres, no es querer ser mรกs que ellos. Es luchar por lograr un mundo donde todos seamos tratados con respeto, dignidad e igualdad.
Afortunadamente, los tiempos
cambian, y aunque algunos no lo crean, para mejor. Cierto que las conquistas
sociales conseguidas no nos las han regalado; han costado muchos aรฑos, sudor,
lรกgrimas, constancia y esfuerzo, una lucha tenaz llevada a cabo por unos pocos
para que el resto de la sociedad se beneficie, para que pudieran vivir con unos
derechos y libertades que en ocasiones ni los que comenzaron con las
reivindicaciones pudieron disfrutar. Pero eso no les importaba, porque si algo
caracteriza a los valientes que luchan por un mundo mejor, es el pensar en el
bienestar de las generaciones futuras.
Eso
fue lo que hicieron estas intrรฉpidas guerreras, que por medio de sus acciones
quisieron dejarnos a todas nosotras un mundo un poco mรกs justo, mรกs
igualitario. Por ello pelearon con valentรญa, olvidรกndose muchas de ellas de sus
propias vidas, sin importarles las consecuencias que les acarrearรญa el no
someterse al orden establecido, el salirse del rol para las que fueron
educadas, rebelรกndose con todas sus fuerzas ante la injusticia de ser tratadas
como ciudadanas de segunda por el simple hecho de haber nacido mujer. Mujeres
orgullosas de serlo, pero que no estaban dispuestas a seguir sujetas a una
sociedad que les dictaba desde su nacimiento quรฉ podรญan o no hacer. Estas
bravas fรฉminas solo querรญan tener los mismos derechos que los hombres, ni mรกs
ni menos, y para ello emplearon todas las armas que tuvieron a su alcance. Las sufragistas,
mรกs moderadas y, digamos pacรญficas; y las suffragettes que, viendo que con
buenas formas y palabras no se conseguรญa nada, estuvieron mรกs dispuestas a
utilizar la fuerza si con ello se hacรญan oรญr.
El
camino que estas mujeres iniciaron fue largo; llegar al final es una tarea de
todas las personas que quieran vivir en un mundo mรกs justo. Por medio de estas
lรญneas, quiero rendir un humilde homenaje a todas esas personas del pasado que
no dudaron incluso en dar sus vidas, para que hoy podamos vivir mรกs libre de lo
que lo hicieron nuestros antepasados.
Grandes heroรญnas
A lo largo de la historia
siempre han existido mujeres que se han rebelado contra un sistema que las
trataba de forma inferior a los varones. Mujeres valientes que no dudaron en
alzar la voz ante tamaรฑa injusticia, muchas fueron tratadas de rebeldes, de
histรฉricas, de querer ser hombres. Cuando lo รบnico que pretendรญan era tener los
mismos derechos que ellos. No entendรญan el motivo de ser tratadas de forma
desigual por el simple hecho de pertenecer al sexo femenino, no comprendรญan la
razรณn por la que se les imponรญa tener que vivir en total sumisiรณn, siempre a la
sombra del varรณn.
Este
texto de Gouges es de vital importancia, por ser considerado uno de los
primeros que han pasado a la historia por plantear la liberaciรณn de la mujer.
Por medio de รฉl, Gouges reclama que las mujeres gocen de los mismos derechos
que los varones en todas las facetas de la vida, es decir, tener igualdad
legal, profesional, social, familiar y, por supuesto, a nivel personal, algo
totalmente impensable en la รฉpoca y que siempre se les negรณ por ser mujeres.
Entre estos derechos, como bien podrรก suponer el lector, pidiรณ el derecho a
votar, aunque hay que decir que esta peticiรณn no prosperรณ. No obstante, la
semilla de la disconformidad sobre el trato que la mujer recibรญa quedรณ
claramente sembrada. Ya soplarรญan vientos mรกs favorables. Asรญ y todo, aรบn tuvo
que pasar mucho tiempo para que la mujer dejase de ser considerada una
ciudadana de segunda, aunque desgraciadamente, en pleno siglo XXI, demasiados
son los paรญses en donde las mujeres todavรญa son discriminadas por razรณn de su
sexo, sufriendo duros castigos las que osan levantarse contra un sistema que no
las trata en igualdad.
No
hay que perder de vista que incluso a principios del siglo XX, antes de que
estallase la Gran Guerra, se consideraba a las mujeres inferiores a los hombres
en todos los aspectos. La ciencia no dudaba en afirmar que el intelecto de las
fรฉminas era inferior al de los varones, argumento perfecto para que estos
seรฑores dijesen que, si ellas eran menos inteligentes, lo normal era que no
tuviesen los mismos derechos. Esto incluรญa tambiรฉn la participaciรณn de las
mujeres en la polรญtica, algo que se consideraba totalmente fuera de los asuntos
que una mujer debiera tratar. Para estos sabios estaba claro que las
fรฉminas no debรญan, por lo tanto, tener derecho al voto. La participaciรณn en
polรญtica quedaba restringida รบnicamente a los hombres, aunque hay que decir que
tampoco todos los hombres tenรญan derecho al voto en estos tiempos. Una รฉpoca
donde no solo el machismo, sino tambiรฉn el clasismo, era la norma.
Afortunadamente, las cosas iban a cambiar, gracias a la lucha de muchas mujeres
que no dudaron en poner sus vidas en peligro si fuese necesario, o que incluso
las perdieron por una causa mรกs que justa. La Primera Guerra Mundial,
podrรญa decirse que marcรณ un hito en lo que a los derechos de las mujeres se
refiere; los hombres fueron a luchar por lo que sus puestos de trabajo quedaron
vacantes, siendo ocupados por estas.
En Gran Bretaรฑa,
lugar al que nos desplazaremos prรณximamente por el importante papel que jugรณ en
la lucha por conseguir que las mujeres pudiesen votar, a principios del pasado
siglo el 70% de la poblaciรณn femenina tenรญa un trabajo remunerado, una cifra nada
despreciable. El problema era que las mujeres que trabajaban en las fรกbricas o
en las minas no lo hacรญan en igualdad de condiciones que sus compaรฑeros. Como
ejemplo he de mencionar que el sueldo que ellas cobraban por desempeรฑar el
mismo trabajo que los hombres era inferior; su explotaciรณn, por tanto, era
mayor. Tampoco se les permitรญa acceder a puestos de responsabilidad, quedando
siempre supeditadas a los hombres que sรญ gozaban de este derecho. La
Universidad era campo vetado para ellas; tan solo las mujeres cuyas familias
tenรญan cierto poder adquisitivo podรญan conseguir una educaciรณn superior, eso
sรญ, impartida dentro de sus hogares. No es extraรฑo que toda esta discriminaciรณn
hiciera estallar a unas mujeres que tenรญan que vivir a diario tales dislates,
por lo que no debe sorprender que cada vez mรกs estuviesen descontentas con la
situaciรณn de inferioridad que estaban obligadas a sufrir. Un rol impuesto desde
la cuna y que las marcaba de por vida, algo que no iban a seguir perpetuando las
pioneras de un movimiento emergente que arraigaba cada vez con mรกs fuerza. El
feminismo se propuso romper con las leyes que, de forma absurda, no les
permitรญan, entre otros muchos temas, realizar actividades que hoy nos parecen
normales, como no poder comprar o vender, viajar ni trabajar a no ser que
tuviesen el permiso de sus esposos. En definitiva, les estaba prohibido ejercer
su libertad al igual que lo hacรญan los hombres en cualquier aspecto de sus
vidas. La lucha por el voto de la mujer habรญa dado comienzo y ya nada
podrรญa detenerlo, el camino serรญa largo y no exento de dificultades, pero las
mujeres no estaban dispuestas a claudicar.
Sigamos avanzando en la historia de esta justa causa, para ello no podemos obviar hablar del momento en el que los historiadores sitรบan el nacimiento del sufragismo. Vamos a trasladarnos al aรฑo 1848, donde se crea la Declaraciรณn de Sentimientos y Resoluciones de Seneca Falls. Fue entre los dรญas 19 y 20 de julio de este aรฑo de 1848 cuando se dan cita sesenta y ocho mujeres y treinta y dos hombres de ideologรญas liberales y abolicionistas para firmar un documento, en el que se trataba una cuestiรณn tan relevante como eran los derechos de las mujeres. La pionera feminista estadounidense Elizabeth Cady Stanton fue la que dio forma a esta Declaraciรณn de Sentimientos, para presentarla junto a la tambiรฉn pionera feminista Lucretia Mott en la primera convenciรณn de derechos de la mujer que se celebrรณ en el pueblo de Seneca Falls, situado en el estado de Nueva York. En este importante documento, expusieron la situaciรณn a la que las mujeres se veรญan sometidas, sobre todo en lo que a polรญtica se referรญa: no tener derecho a votar, no poder ser elegidas para cargos pรบblicos, no afiliarse a partido polรญtico alguno, no estar presentes en reuniones de carรกcter polรญtico... Un texto de gran importancia por considerarse primordial en la fundaciรณn del movimiento feminista, siendo a partir de este momento cuando podemos hablar del comienzo del sufragismo. Mujeres que se organizan para reunirse periรณdicamente para hablar de los derechos civiles que todas deberรญan tener, pero que no se quedan ahรญ, porque tambiรฉn reclamaron su derecho a tener participaciรณn en el รกmbito polรญtico. Al igual que los hombres, quieren votar y ser votadas, elegir y ser elegidas, en definitiva, igualdad de oportunidades en la esfera polรญtica. Esta andadura que comenzรณ en 1848 dio sus frutos, concluyendo un siglo despuรฉs en 1948 con la Declaraciรณn Universal de los Derechos Humanos, ratificada por las Naciones Unidas. Un documento donde el artรญculo 21.1 manifiesta que «toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su paรญs, directamente o por medio de representantes libremente escogidos».
Sufragistas y suffragettes
Sufragistas y suffragettes,
dos grupos que, aunque perseguรญan un mismo fin, tomaron caminos diferentes para
conseguir sus objetivos. La palabra sufragista quizรก nos sea mรกs
familiar que suffragette, en realidad, este vocablo era utilizado a finales del
siglo XIX y principios del XX por las francesas que lucharon por el sufragio
femenino, es decir, por el derecho que toda mujer deberรญa tener para votar. En
esta lucha que tambiรฉn tuvo sus precursoras en el vecino paรญs, hay que destacar
la figura de Humbertine Auclert. Esta periodista de profesiรณn destacรณ por ser
la primera mujer a la que se puede llamar sufragista en Francia, tambiรฉn fue la
primera en utilizar el tรฉrmino feminista para denunciar la discriminaciรณn que
sufrรญan las mujeres en todos los รกmbitos. Por ello no dudรณ en adoptar las
tรกcticas de sus compaรฑeras de lucha en Gran Bretaรฑa, las suffragetes. Un
llamamiento a la desobediencia civil. En el aรฑo 1876, Humbertine Auclert crea
la sociedad The Rights of Women, con la pretensiรณn de obtener el voto
para las mujeres, aunque posteriormente, en 1883, esta cambiรณ su nombre a Women's
Suffrage Society. Sin lugar a duda, Humbertine Auclert es todo un referente
en la historia de los derechos de las mujeres en su paรญs, y por supuesto fuera
de รฉl.
En el Reino Unido, la palabra
suffragette tuvo un significado peyorativo. Si hacemos caso a lo que nos dice
el diccionario publicado por la editorial Oxford University Press, la
primera vez de la que se tiene noticia de la utilizaciรณn de esta palabra fue en
el aรฑo 1906; el autor que la puso en uso fue el periodista Charles E. Hands,
quien no dudรณ en plasmarla en el periรณdico britรกnico Daily Mail. Pero, lejos de
emplearla para referirse sin menosprecio a las mujeres que defendรญan su derecho
a votar, Hands utilizรณ el tรฉrmino suffragette para mofarse y tratar
despectivamente a estas mujeres. Tambiรฉn con esta palabra se pretendรญa
diferenciarlas de las sufragistas, que, aunque perseguรญan el mismo objetivo,
utilizaban tรกcticas diferentes. En realidad, la diferencia entre sufragistas y
suffragettes, se podrรญa decir, radicaba en el camino a seguir para conseguir la
igualdad. Las sufragistas eran mรกs moderadas; no les importaba ir despacio a la
hora de conseguir sus reivindicaciones. Sus mรฉtodos nunca iban en contra de la
ley, intentando convencer con sus argumentos. Otra caracterรญstica era que las
sufragistas aceptaban tambiรฉn a hombres dentro de su cรญrculo; en cambio, las
suffragettes no. Estas mujeres, cansadas de que las palabras y las buenas
formas no las llevaban a conseguir la deseada igualdad, no dudaron en ser mรกs enรฉrgicas
a la hora de luchar por sus derechos. Por ello, no era extraรฑo verlas en
manifestaciones, organizando protestas e incluso no vacilaron a la hora de
recurrir a hacer huelgas de hambre. A diferencia de sus compaรฑeras mรกs
moderadas, a ellas no les importaba exigir sus propuestas saltรกndose la ley si
fuese necesario. Pero la palabra suffragette, que naciรณ en un intento de
ridiculizar el movimiento, pronto fue aceptada por la activista Emmeline
Pankhurst, quien la aceptรณ para diferenciarse de las sufragistas.
Pero antes de seguir hablando de estos dos
grupos, hay que aclarar que no pocas voces se alzaron en contra del sufragio
femenino, hasta el punto de que el 21 de julio de 1908, en la ciudad de Londres,
Mary Humphrey, Lord Curzon y William Cremer fundan la Liga Nacional contra
el sufragio de las mujeres. Un movimiento que consiguiรณ que 337.018
personas firmasen en contra de que las mujeres votasen. No hay que perder de
vista que, en el Reino Unido a comienzos del pasado siglo, tanto los polรญticos
que pertenecรญan al Partido Liberal como los del Partido Conservador se oponรญan
ferozmente al sufragio femenino; las mujeres a nivel polรญtico tan solo contaban
con el apoyo del reciรฉn nacido Partido Laborista. Como vemos las mujeres en su
lucha por conseguir su derecho al voto, no solo se tenรญan que enfrentar a unos
polรญticos de mentes cuadriculadas, tambiรฉn tuvieron que encarar a muchos
ciudadanos que no las miraban con buenos ojos. Personas que pensaban que por
ser del sexo femenino no tenรญan el suficiente talento para entender algo tan
complejo como eran los asuntos que trataban los polรญticos; por tanto, quedaba
claro que no debรญan votar. Ademรกs de considerarlas inferiores intelectualmente,
se burlaban de las que se adherรญan a esta lucha tachรกndolas de feas y solteronas.
¿Nos suenan estos insultos?
Muchas fueron las personas en el
Reino Unido que lucharon para que las leyes fuesen modificadas, para incluir a
las mujeres en el รกmbito polรญtico, para que pudiesen votar por unas leyes que
claramente las discriminaban. Esta lucha cobrรณ mรกs fuerza de 1832 a 1928. El
siglo XIX fue de gran importancia para el avance de la mujer dentro de una
sociedad que no la incluรญa en asuntos que se consideraba escapaban a su
intelecto, pero las mujeres, cansadas de ser consideradas ciudadanas de
segunda, no dudaron en comenzar a reclamar cada vez con mรกs fuerza lo que se
les negaba solo por ser del sexo femenino. Por ello, no es extraรฑo ver cรณmo
comenzaron a proliferar diferentes movimientos y asociaciones polรญticas para
pedir igualdad. Lo รบnico que pretendรญan era tener los mismos derechos que los
varones.. El camino a la igualdad real es largo; se ha avanzado mucho sin duda,
pero aรบn queda un buen trecho por recorrer, en unos paรญses mรกs que en otros.
No
serรญa justo decir que esta lucha solo fue de mujeres; tambiรฉn hubo hombres que
se posicionaron a favor de que sus compaรฑeras tuviesen los mismos derechos que
ellos. Entre estos hombres estuvo el filรณsofo y polรญtico John Stuart Mill, que era miembro del Partido Liberal, un
hombre que siempre defendiรณ la libertad individual de todas las personas; por tanto,
no es de extraรฑar que estuviese en contra de la esclavitud. Como defensor de
los derechos humanos, tampoco debe sorprender que estuviese a favor del
sufragio femenino. Se podrรญa decir sin temor a equivocarnos que Mill fue uno de
los primeros feministas; no en vano escribiรณ diferentes artรญculos donde trata
la temรกtica de los derechos de las mujeres. En 1869 escribe un ensayo titulado La
esclavitud de las mujeres, escrito en el que reconoce como fueron de gran
ayuda para realizarlo su esposa Harriet Taylor Mill y su hija Helen Taylor.
Aquรญ Mill expone que la construcciรณn del gรฉnero es un obstรกculo para la mujer,
asรญ como lo son tambiรฉn la sociedad, la educaciรณn y el matrimonio.
Mujeres
que no recibรญan la misma educaciรณn acadรฉmica que los hombres, educadas para
casarse y tener hijos, para depender econรณmicamente de sus maridos, para
preocuparse solo de tener un buen fรญsico que agradase a los ojos de los hombres;
cultivar sus mentes era irrelevante. El รบnico recurso para sobrevivir de la
gran mayorรญa era pasar de la casa paterna a la casa del esposo; si alguna
intentaba revelarse, era rรกpidamente silenciada. Se las tachaba de locas, de
histรฉricas o de algo peor. Las mujeres debรญan ser sumisas, obedientes y
ajustarse al rol que la sociedad les asignaba. John Stuart Mill fue uno de los
hombres valientes que luchรณ contra este estereotipo no solo de palabra; รฉl pasรณ
a la acciรณn intentando en 1866 introducir una ley que contemplase el voto
femenino. Solo consiguiรณ 88 votos a favor de su propuesta. Pero su derrota y
las derrotas que vendrรญan despuรฉs serรญan pequeรฑos triunfos. La idea
revolucionaria de que mujeres y hombres tuviesen los mismos derechos ya habรญa
sido implantada en las mentes de las personas que tiempo atrรกs ni tan siquiera
se habrรญan planteado algo tan osado, o si lo pensaron, no se atrevรญan a
manifestarlo en voz alta. Una idea que mรกs tarde o mรกs temprano germinarรญa
dando los frutos deseados.
Como
ya se ha dicho, en esta lucha por conseguir el derecho al voto femenino
existรญan dos grupos. Por una parte, tenemos a las sufragistas mรกs moderadas,
aquellas que pensaban que podรญan obtener sus fines por medios pacรญficos, a
travรฉs del dialogo, de plantear buenos argumentos; estas estuvieron lideradas
por Millicent Fawcett. Por otra parte, sin embargo, nos encontramos con mujeres
indignadas al ver cรณmo hablar no servรญa de nada, hartas de que se rieran de
ellas y de que sus justas reivindicaciones no fuesen escuchadas, mujeres que,
cansadas de esperar, pensaban que debรญan pasar a la acciรณn. La lรญder de estas
intrรฉpidas mujeres fue Emmeline Pankhurst.
No
obstante, no debemos pensar que todo eran derrotas; las feministas tambiรฉn
cosecharon algunas victorias, pero a pesar de que la sociedad parecรญa ir
avanzando, el derecho al voto les seguรญa vetado. Por lo que Millicent Garrett
Fawcett crea en el aรฑo 1897 la Uniรณn Nacional de Sociedades de Sufragio
Femenino, cuyas siglas en inglรฉs son NUWSS, una mujer que por 50 aรฑos fue
la lรญder del movimiento sufragista moderado en el Reino Unido. La finalidad de
esta asociaciรณn era conseguir el voto para la mujer por medios pacรญficos. Para
ello convocaron mรญtines, hicieron diversas campaรฑas, repartieron folletos,
organizaron diferentes reuniones, tambiรฉn recurrieron a presentar solicitudes
al Parlamento, todo dentro de la legalidad y sin alterar el orden pรบblico.
Actos que no sirvieron para conseguir su objetivo, lo que dejaba claro que la
vรญa del diรกlogo no era efectiva, ya que por mรกs de 50 aรฑos se habรญa intentado
conseguir el sufragio femenino utilizando estos mรฉtodos sin conseguir
absolutamente nada. Millicent Fawcett intentรณ por todos los medios legales a su
alcance convencer a los hombres que ostentaban cargos polรญticos de la necesidad
de que las mujeres tambiรฉn pudiesen ejercer su derecho al voto. Uno de sus argumentos
era que ellas, al igual que los varones, debรญan obedecer las leyes; por lo tanto,
acaso, ¿no serรญa justo que las mujeres pudiesen colaborar en elaborar esas
leyes?
La
asociaciรณn que lideraba Fawcett se caracterizaba porque muchos de sus miembros
se declaraban abiertamente pacifistas, por lo que cuando en 1914 comienza la
Primera Guerra Mundial, se niegan a participar en esta. Durante el tiempo que
dura la Gran Guerra, continรบan con su labor a favor del sufragio femenino; para
ello no dudan en alabar el trabajo que las mujeres realizaron durante el tiempo
que durรณ la contienda al tener que ocupar los puestos de trabajo que los
hombres se vieron obligados a abandonar para ir al frente. Un trabajo que
desarrollaron con la misma eficacia que sus compaรฑeros.
La
lucha de esta mujer fue ejemplar, su trabajo incansable tuvo sus frutos, y
aunque la victoria no fue plena en 1918, las mujeres mayores de 30 aรฑos
consiguieron poder votar. A pesar de este logro, aรบn quedaba mucho por hacer.
Despuรฉs de dedicar toda una vida por conseguir la igualdad entre mujeres y
hombres, Millicent Garrett Fawcett fallece en 1929. Su nombre estรก ligado a la
asociaciรณn feminista Fawcett Society, una sociedad que sigue luchando
por conseguir la igualdad entre mujeres y hombres. Millicent Fawcett
pertenecรญa a las sufragistas moderadas, pero no todas las mujeres estaban
dispuestas a seguir esperando, eso fue lo que le ocurriรณ a Emmeline Pankhurst
Goulden que cansada de esperar aรฑo tras aรฑo viendo que las palabras y seguir el
curso legal no conducรญan a nada, decidiรณ pasar a la acciรณn directa, al
contrario que su compaรฑera Fawcett las reivindicaciones de Pankuhurt no eran
nada pacรญficas, para llamar la atenciรณn sobre su descontento tanto ella como
sus seguidoras no dudaron en hacer pintadas en edificios de la ciudad, marchas
de protestas, incendiar comercios, romper cristales, y como estas mujeres no se
amedrentaban no dudaron en arremeter contra las viviendas de los polรญticos que
les negaban el derecho al voto, interrumpieron mรญtines disfrazadas de hombre
porque no tenรญan permiso para asistir, lanzaron octavillas, pusieron
mostradores informativos en las calles e incluso llegaron a encadenarse en las
verjas del Parlamento. Esta diferencia de actuaciรณn con respecto al sector mรกs
moderado hizo que se separaran de las sufragistas, adoptando el nombre de
suffragettes, una denominaciรณn que comenzaron a decirles de forma despectiva y
que estas mujeres hicieron suya para diferenciarse de las que preferรญan seguir
el camino de la legalidad. El lema de estas mujeres ya lo decรญa todo: ¡Deeps,
no Words!, es decir, ¡Hechos, no palabras!, su rebeldรญa y
provocaciรณn las llevaba a hacer actos que muchos reprobaban. Emmeline Pankhurst,
junto a otras mujeres hartas de palabrerรญa, funda el 10 de octubre de 1903 La
Uniรณn Polรญtica y Social de Mujeres, cuyas siglas en inglรฉs son WSPU. Un
grupo donde รบnicamente se aceptaba a mujeres dispuestas a darlo todo para
conseguir de una vez por todas ser escuchadas en el Parlamento, y no solo ser
escuchadas; tambiรฉn reclamaban que sus propuestas se hicieran efectivas. Se
cree que entre 1903 y 1913 fueron encarceladas alrededor de 1.100 suffragettes.
La represiรณn que sufrieron estas mujeres no las hizo desistir, de forma que a
partir de 1909 todas las que fueron encarceladas debido a unos actos
considerados vandรกlicos comenzaron a hacer huelgas de hambre, por lo que el
Gobierno britรกnico tomรณ medidas drรกsticas alimentando a las mujeres a la fuerza
por medio de sondas, un mรฉtodo violento que ocasionaba que las mujeres que
fueron sometidas a esta tortura gritasen de dolor. La primera feminista que
adoptรณ esta actitud por voluntad propia fue Marion Wallace Dunlop, quien tras
aguantar 91 horas sin comer fue liberada dado su delicado estado de salud.
Debido a esto, el gobierno optรณ por una ley que se llegรณ a conocer como la del «gato y el ratรณn».
Esta consistรญa en que, cuando una huelguista se encontraba demasiado mal, era enviada
a su casa para que se recuperase, pero cuando la mujer mejoraba, volvรญa a ser
encarcelada de nuevo. No obstante, estas mujeres siguieron adelante a pesar de
ser encarceladas y recibir un trato brutal. Sus gritos, sus protestas, sus
huelgas de hambre, el que fueran alimentadas de forma forzosa causรกndoles
sufrimiento, fue recogido por la prensa del momento, en ocasiones de forma
burlona. Todo esto hizo que las medidas tomadas por las suffragettes fuesen aรบn
mรกs violentas; cortaron los cables del telรฉgrafo, prendieron fuego a vagones de
trenes, arremetieron contra iglesias y edificios pรบblicos por medio de arrojar
bombas incendiarias e incluso muchas de ellas llegaron a portar diferentes
armas; tambiรฉn aprendieron artes marciales y crearon un cuerpo de seguridad
para proteger a sus lรญderes.
Tanto
Pankhurst como tres de sus hijas sufrieron encarcelamiento; la madre fue
llevada a prisiรณn por primera vez en febrero de 1908 por querer entregar al primer
ministro Herbert Henry Asquith una serie de disposiciones. En total, Emmeline
Pankhurst fue arrestada hasta siete veces y, al igual que sus compaรฑeras, se
negaba a comer, teniendo que soportar el suplicio de ser alimentada a la
fuerza. Su delicado estado de salud hizo que, en muchas ocasiones, a los pocos
dรญas de ser arrestada, fuese puesta en libertad, para luego, una vez
restablecida, volver a ser encarcelada. Sus hijas tambiรฉn fueron llevadas
presas, Christabel por escupir a un policรญa y sus hermanas Adela y Sylvia por
protestar por los alrededores del Parlamento. Muchas fueron las tensiones que
se sufrieron en esas fechas, lo que llevรณ a que en varias ocasiones estas
mujeres fuesen agredidas, siendo muchas de ellas heridas de diversa
consideraciรณn, pero estos ataques lo รบnico que conseguรญan era que el grupo cada
vez se radicalizara mรกs en sus protestas, lo que ocasionรณ que algunos de sus
miembros mรกs influyentes abandonaran la WSPU por no estar de acuerdo con unos
mรฉtodos cada vez mรกs violentos.
Pero si hubo una mujer que lo
arriesgรณ todo por la causa, esa fue sin duda Emily Wilding Davison, quien pisรณ
la cรกrcel nada menos que ocho veces debido a su activismo. Su รบltima apariciรณn fue
en el Derby Epsom que se celebrรณ el 4 de junio de 1913; en este acto
participaba Anmer, que era el caballo del rey Jorge V. El propรณsito de Emily
era llamar la atenciรณn colocรกndole al animal una bandera donde podรญa leerse «votos para las mujeres», pero la mala
suerte quiso que el caballo no parase, llevรกndosela por delante y ocasionando que tanto
ella como Herbert Jones, que era el que montaba al cuadrรบpedo, sufriesen un
aparatoso accidente. Como consecuencia, Emily Davison muriรณ cuatro dรญas despuรฉs
en el hospital debido a una fractura de crรกneo y lesiones internas. En cuanto
al jinete, la contusiรณn que tuvo debido a la caรญda no revistiรณ demasiada
gravedad. En este fortuito accidente, el que se llevรณ la mejor parte fue Anmer,
que se levantรณ sin haber sufrido daรฑo alguno, llegando a la meta, eso sรญ, sin
su jockey.
El funeral de Davison fue multitudinario, un desgraciado accidente que hizo pensar a muchas personas sobre la lucha de estas mujeres. Emily Davidson fue enterrada en un terreno que pertenecรญa a su familia. Sobre su lรกpida reza el lema de las suffragettes: ¡Hechos, no palabras!
La Gran Guerra
El comienzo de la guerra en 1914 y el que Gran
Bretaรฑa tomase parte en ella supuso un cambio en el pensamiento de estas
mujeres; las suffragettes decidieron que en esos momentos donde su paรญs se
encontraba amenazado por las fuerzas enemigas, era mรกs importante poner sus
energรญas y prestar toda la ayuda posible a su gobierno que seguir con la lucha
del sufragio femenino, para eso ya habrรญa tiempo. Como muestra de su
incondicional apoyo, llegaron a cambiar el tรญtulo de una publicaciรณn a la que
llamaban The Suffragette por Britannia; esta revista ve la luz
por primera vez en abril de 1915.
Desgraciadamente, Emmeline Pankhurst
no pudo disfrutar demasiado de esta victoria; su salud se fue deteriorando
debido a diferentes causas: interminables y agotadores viajes donde daba
charlas, acudรญa a mรญtines; las huelgas de hambre comenzaron a pasarle factura;
los diferentes encarcelamientos por los que pasรณ y las condiciones penosas que
tuvo que soportar mientras estuvo en prisiรณn, no solo en cuanto a privaciones
materiales, tambiรฉn a nivel psicolรณgico cuando escuchaba los gritos desgarrados
de sus compaรฑeras, algo que Pankhurst no pudo olvidar en su vida. Todo esto fue
minando su cuerpo hasta que el 14 de junio de 1928 su deterioro le condujo a la
muerte. Una gran multitud de personas acudiรณ a su entierro para darle el รบltimo
adiรณs, siendo enterrada en el Cementerio Brompton de Londres.
Aunque es cierto que fueron muchos
los que criticaron duramente sus mรฉtodos, teniendo detractores que aseguraban
que su violencia mรกs que beneficiar perjudicaba la causa de las mujeres, no hay
que olvidar que gracias a Pankhurst, a su lucha incansable, el sufragio
femenino se hizo una realidad. Su trabajo, su determinaciรณn consiguieron que
las mujeres diesen un paso mรกs hacia la igualdad. No en vano, cuando muriรณ, el
diario neoyorkino The New York Herald Tribune, a modo de tributo, le
dedicรณ unas bellas palabras cuando publicรณ que Emmeline Pankhurst era «la mรกs
notable agitadora polรญtica y social de la primera parte del siglo XX y la
suprema protagonista de la campaรฑa de emancipaciรณn electora de las mujeres».
Pero esto no ha sido todo, ya que, en el aรฑo relativamente reciente de 1999, la
revista semanal estadounidense Time concluyรณ no sin razรณn que Emmeline
Pankhurst es una de las 100 personas mรกs relevantes de todo el siglo XX. De
esta mujer, esta publicaciรณn afirmรณ que «ella moldeรณ una idea de mujeres para
nuestra รฉpoca; impulsรณ a la sociedad hacia una nueva estructura de la cual ya
no podรญa haber vuelta atrรกs». Sin duda se ganรณ un merecido lugar en la
historia, como otras tantas mujeres y hombres conocidos o anรณnimos que se
esforzaron por contribuir de la forma que podรญan a que la sociedad que les tocรณ
vivir fuese un poco mรกs justa para todas las personas, un mundo donde la
igualdad no sea una ilusiรณn. Una utopรญa que podrรญa convertirse en realidad si
no cejamos en el empeรฑo.
No debemos pensar que la lucha por el sufragio femenino se dio solo en Gran Bretaรฑa o los Estados Unidos; es cierto que en estos paรญses tuvo una gran repercusiรณn por la forma de actuar de las feministas. Pero hay que entender que el feminismo es un movimiento colectivo, ataรฑe a todos los paรญses del mundo. Las feministas del pasado y las del presente no actรบan de forma individual, estรกn conectadas y perfectamente organizadas a nivel mundial. Claro que no en todos los lugares del planeta existe un equilibrio con respecto a este tema, ya que hay paรญses que se encuentran reclamando unos derechos que en otros estรกn mรกs que conseguidos. La igualdad entre todos los seres humanos no es un mero capricho, es una cuestiรณn de justicia social. Por lo tanto, hay que entender que el feminismo no busca el bien individual, aspira al bien colectivo.
El sufragio femenino
en Espaรฑa
No podemos terminar sin hablar, aunque sea de forma resumida, del sufragio femenino en Espaรฑa, de las mujeres y los hombres que hicieron del derecho al voto femenino una realidad. Muchas son las feministas que contribuyeron de una u otra forma a que esto se lograse; ya hemos hablado anteriormente de Concepciรณn Arenal, llamada no sin razรณn la madre del feminismo espaรฑol. Pero hubo muchas otras, entre ellas una que fue olvidada por demasiado tiempo: la gran Clara Campoamor.
En nuestro paรญs la lucha por el
sufragio femenino tambiรฉn fue ardua, teniendo en un principio pocos defensores
y demasiados detractores, pero esto no amilanรณ a Clara Campoamor, que con su
discurso y sus argumentos supo derribar a cada uno de sus adversarios y tambiรฉn
de sus adversarias.
Antes de continuar, me gustarรญa
aclarar la diferencia que existe entre el sufragio pasivo y el activo. Porque
si bien el primero reconoce el derecho de todo ciudadano a ser elegido, no
recoge el derecho de todos a poder votar. De esta forma vemos cรณmo en
diferentes paรญses las mujeres, aunque podรญan presentarse como candidatas,
tenรญan vetado el derecho a votar. Sin embargo, cuando se habla de sufragio
activo, se entiende que toda persona que cumpla con los requisitos estipulados
en las leyes puede votar. En Espaรฑa, la entrada de la mujer en la polรญtica pasรณ
por diversos avatares. La famosa Constituciรณn de Cรกdiz de 1812, conocida de
forma popular como La Pepa, contemplaba que la mujer podรญa formar parte
del parlamento, aunque es cierto que para ellas era mรกs complicado acceder a
estos puestos. El sufragio que existรญa en nuestro paรญs era pasivo, por lo que
las mujeres no podรญan votar a sus representantes. La primera vez que la mujer
pudo votar fue durante el Catรณn de Cartagena que tuvo lugar en 1874;
posteriormente, durante la dictadura de Primo de Rivera, parecรญa que el
sufragio femenino iba a ser posible, aunque tan solo se aprobรณ para aquellas
que eran cabeza de familias y a nivel municipal. En cualquier caso, esto quedรณ
en un intento porque esas elecciones no llegaron a celebrarse.
Pero cuando realmente se puede
hablar del derecho al voto de la mujer en Espaรฑa fue cuando se aprobรณ el 9 de
diciembre la Constituciรณn espaรฑola de 1931, donde por primera vez se incluye el
derecho de las mujeres a votar, un recorrido no exento de polรฉmica donde Clara
Campoamor tuvo un papel protagonista defendiendo con la palabra el motivo por
el cual todas las mujeres deberรญan tener ese derecho. La II Repรบblica no podรญa
dejar a un lado a unas ciudadanas en el camino por conseguir la igualdad.
Es cierto que en la fecha que nos
ocupa (1931), las mujeres podรญan ser elegidas, pero lo que no podรญan era ser
electoras. Hablamos, por lo tanto, de sufragio pasivo; en cualquier caso, el
nรบmero de mujeres era muy inferior al de hombres. En ese momento solo tres
mujeres fueron elegidas parlamentarias: por el Partido Socialista Obrero
Espaรฑol estaba Margarita Nelken; Clara Campoamor pertenecรญa al Partido
Republicano Radical y, finalmente, Victoria Kent en las listas del Partido
Republicano Radical Socialista. La disputa por el voto femenino la
protagonizaron sobre todo Clara Campoamor, que estaba a favor, frente a
Victoria Kent, que se oponรญa a que la mujer tuviese derecho al voto, al menos
de momento. Una batalla dialรฉctica que afortunadamente ganรณ la primera.
Clara Campoamor no solo defendรญa el
derecho de la mujer a votar; querรญa erradicar la discriminaciรณn que sufrรญa la
mujer respecto al hombre en todos los niveles. Propuso que todos los hijos
fuesen iguales ante la ley, aunque estos se hubiesen tenido fuera de la
instituciรณn matrimonial; estaba a favor del divorcio y, por supuesto, del
sufragio universal. De todo lo que pidiรณ, el derecho al voto femenino le fue
denegado, por lo que la victoria no fue total; aรบn tendrรญa que librar mรกs
batallas hasta conseguir el sufragio femenino. Sus compaรฑeros en la polรญtica
pensaban que la mujer no estaba preparada para ejercer su derecho al voto,
argumentaban que estaban demasiado influenciadas por la iglesia, y que al final
votarรญan lo que esta les dictase, lo cual perjudicarรญa claramente a la
izquierda. Otros argumentos estaban basados sin duda en el machismo de la รฉpoca;
decรญan que la mujer era demasiado sensible, que se dejaba llevar por las
emociones, que era histรฉrica, poco reflexiva, nada crรญtica. El polรญtico Manuel
Hilario Ayuso Iglesias, que pertenecรญa al Partido Republicano Federal, llegรณ a
decir que «el histerismo impide votar a la mujer hasta la menopausia». Desgraciadamente, no
fue el รบnico que hizo comentarios de estas caracterรญsticas. En cuanto a
Victoria Kent, se posicionรณ al lado de los que querรญan negar el voto a la mujer;
ella, al igual que sus compaรฑeros, apelaba a la escasa formaciรณn de las
mujeres, a su sometimiento a la iglesia, lo que favorecerรญa a los conservadores.
Por su parte, Margarita Nelken querรญa retrasar el sufragio femenino por
considerarlo un peligro para la Repรบblica. Pero Clara Campoamor no se dejรณ
amilanar y rebatiรณ con maestrรญa todos y cada uno de los sinsentidos que cada
uno de los polรญticos expusieron, consiguiendo que algunos parlamentarios de
partidos distintos la respaldasen en su peticiรณn. Cuando Victoria Kent apelรณ a
la escasa preparaciรณn de las mujeres y el poco entendimiento que estas tenรญan
para votar con sensatez, Clara Campoamor le contestรณ: «¿De quรฉ se acusa a la
mujer? ¿De ignorante? Si se trata de analfabetismo, las estadรญsticas afirman
que, desde 1886 a 1910, el nรบmero de analfabetas entre las mujeres ha
disminuido en 48.000, mientras que en los hombres en menos proporciรณn. La curva
ha seguido asรญ hasta hoy, un momento en que la mujer es menos analfabeta que el
hombre». Terminรณ diciendo que, si la mujer habรญa sido excluida de tener
derechos polรญticos, era porque desde siempre los hombres se habรญan apropiado de
las leyes. El discurso que Campoamor dio en las Cortes fue decisivo para que
finalmente el 1 de octubre de 1931 se aprobara el derecho al voto de las
mujeres; el resultado fue 161 votos a favor frente a 121 en contra.
La victoria conseguida le costรณ cara;
en 1933 no pudo renovar su escaรฑo, lo que la llevรณ a abandonar su partido
polรญtico, no consiguiendo ser admitida por ningรบn otro. Desilusionada, en mayo
de 1935 escribiรณ El voto femenino y yo: mi pecado mortal, obra en la que
expone todas sus luchas en el parlamento a la hora de defender con ahรญnco los
derechos de las mujeres y donde tambiรฉn expresa la soledad a la que tuvo que
enfrentarse a nivel polรญtico. Cuando estalla la Guerra Civil, decide irse del
paรญs, marchรกndose a Argentina, tiempo en el que trabaja de traductora y que
aprovecha para escribir muchas de sus obras. Mรกs adelante, hacia 1955, se
traslada a Suiza, donde ejerce su profesiรณn de abogada hasta que su agotada
vista le abandona. Clara Campoamor muere de cรกncer un 30 de abril del aรฑo 1972;
siendo incinerada para que sus restos, de forma clandestina, llegasen a nuestro
paรญs. Hoy, la que fue la principal defensora del sufragio femenino en las
Cortes Constituyentes de la Segunda Repรบblica, descansa en el cementerio de
Polloe en San Sebastiรกn.
¡Hechos,
no palabras!
POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025
Prohibida la reproducciรณn total o parcial del material incluido en este blog sin la autorizaciรณn de la autora. |



.jpg)

Comentarios
Publicar un comentario