En las Tierras del Norte (Tributo a la Diosa Nehalennia)

 

 

El mar embravecido rugรญa con desatada furia; ni los mรกs aguerridos de los hombres permanecรญan impรกvidos ante la violencia que la adversidad habรญa provocado, poniendo asรญ a prueba a los valientes guerreros que se hicieron a la mar en busca de la gloria que les darรญa la inmortalidad. En sus mentes solo un nombre ocupaba sus pensamientos, Nehalennia, aquella que los llevarรญa con seguridad por medio del rugiente mar a su destino, desafiando con su poder a todo aquel que quisiera interponerse en su camino.

            Los frรกgiles navรญos se abrรญan paso entre las elevadas olas, que parecรญan querer devorar a los hombres que ocupaban la maltrecha embarcaciรณn. Diminutas se mostraban ante las gigantescas olas que parecรญan querer engullirlas, dando al traste con la misiรณn que los llevaba a cruzar esas enfurecidas aguas, una locura temeraria que no tuvieron mรกs remedio que abordar, disfrazando sus no infundados temores tras cรกnticos y ofrendas a una Diosa, que intentaba abrirles camino a travรฉs de la masa acuosa que cada vez bramaba con mรกs furor. ¡Nehalennia! Gritaban, haciendo sonar sus cuernos, en un intento de llamar la atenciรณn de una Diosa que nunca les habรญa fallado; su clamor se fundรญa con el sonido del cuerno y ambos se perdรญan en un infinito eco que el mar se encargaba de acallar.

            Parecรญa que los nuevos dioses enojados se debatรญan en sus moradas, tomando como un juguete las naves que, a modo de entretenimiento, les sirviesen para desfogar su ira. Luchando contra las antiguas divinidades ya casi ausentes, que iban desapareciendo conforme el mundo que estos hombres conocรญan iba cambiando, sin que se percatasen de que la catรกstrofe final aรบn no habรญa tenido lugar. Dioses que perdรญan su poder, su fuerza, al tiempo que las nuevas creencias que anidaban en los corazones de muchos hombres iban tomando forma; unos dioses primigenios que se retiraban sigilosamente, para dejar paso a una nueva fe que exigรญa como tributo la sangre de los Hijos de la Tierra.

            Pero Nehalennia se rebelaba contra lo inevitable, no queriendo abandonar a aquellos que desde los albores de los tiempos habรญan depositado su confianza en ella, la Dama Blanca que habรญa guiado el destino de unos pueblos norteรฑos que ahora mรกs que nunca buscaban su cobijo. Ella era la รบnica que se mantenรญa impasible, protegiendo con su cuerpo a los intrรฉpidos adeptos que, confiando en el amparo de su Diosa, se hicieron a la mar. No tuvieron mรกs opciรณn; sus seres queridos requerรญan de su auxilio, por ello sin pensarlo decidieron desafiar a unos elementos que se mostraban tan hostiles, sumergiรฉndose en las gรฉlidas aguas que sirvieron de sepulcro a muchos de ellos. La titรกnica lucha entre dioses, entre lo antiguo y lo nuevo, hacรญa que los mares se desgarrasen, dejando que la sangre de sus hijos empapase la tierra que habรญan venerado. La impotencia provocaba que la angustia atenazase sus gargantas, mientras el cuerno seguรญa bramando, esperando un milagro que no llegaba; solo Nehalennia escuchaba, pero la lucha que se debatรญa en su mundo inmaterial la iba debilitando cada vez mรกs.

            Las noticias que trajeron los divinos cuervos no eran alentadoras, muchos habรญan caรญdo dejando la tierra que ocupaban desde que el mundo viese la luz por primera vez, regada por los cuerpos de aquellos que preferรญan entregar sus almas antes que rendirse a unas hordas que les masacraban sin piedad. Ahora esas tierras lloraban la pรฉrdida de sus hijos; habรญan sido profanados, arrasados los bosques que tanto respetaron sus ancestros, talando cada uno de sus majestuosos รกrboles, destruyendo la morada de unos dioses que se manifestaban en cada รกrbol que se erigรญa orgulloso, tensando sus ramas hacia donde los espรญritus de las mรกs antiguas deidades habitan. Cada vez que uno de estos gigantes caรญa, la Tierra Madre se desgarraba en un grito ensordecedor, aullidos audibles tan solo para aquellos que saben que su existencia la deben a la generosidad que ella derrama sobre todo lo que tiene aliento de vida.

            Tierras que fueron regadas con la sangre de las audaces mujeres que lucharon junto a sus hombres, bravas hembras que tomaban sin dudarlo el relevo de sus compaรฑeros caรญdos o ausentes, peleando con garra, poniendo en no pocas ocasiones en grave aprieto a esas alimaรฑas que sin pudor se atrevรญan a mancillar los cuerpos de unas guerreras que en su cobardรญa se veรญan obligados a reducir entre varios, para luego tomarlas y escupirlas como si de desechos se tratase. Tal era la furia desatada de estas mujeres, que preferรญan morir y dar muerte a sus hijas antes que caer en las manos de unos seres infernales, que parecรญan haber salido de un mundo que tan solo la mente mรกs perversa era capaz de crear.

            Monstruos que gustaban de ensaรฑarse especialmente con las niรฑas, que ante las embestidas de unos hombres guiados por la lujuria, clavaban sus azules ojos en un cielo que lloraba sin poder asistirlas, mientras sus dรฉbiles voces clamaban a unos dioses caรญdos junto a los bosques, que yacรญan abatidos a los pies de los que fueron un dรญa poderosos รกrboles, refugio majestuoso de lo divino y lo mortal, dejando de ser imponentes para convertirse en cenizas.

            Mientras tanto, el mar seguรญa bramando, llevando los lastimeros gritos de unos muertos que clamaban justicia. El aullido de los vencidos retumbaba en sus oรญdos, haciendo que la premura por llegar impacientara los corazones de los que con impotencia asistรญan a las visiones espectrales de aquellos que se mostraban pidiendo una justicia que no llegaba, anunciando con sus interminables lamentos lo que serรญa el fin de una estirpe, que con el transcurrir del tiempo serรญa devorada por el olvido, dejando de esta forma de existir. Si esto ocurrรญa, serรญa el fin del fin, un terminar para no volver a resurgir, dejando que las cenizas finales fuesen esparcidas por los vientos norteรฑos sobre una tierra que ya les serรญa ajena.

            ¡Adelante! Bramaban mientras cruzaban los frรญos Mares del Norte, rogando a su Diosa para poder atravesar unas olas que se alzaban formando densos muros, haciendo que sus frรกgiles vidas dependieran de la voluntad de una divinidad que se debilitaba, mientras veรญan el mundo que siempre habรญa sido desvanecerse ante sus ojos.

            En tierra todo era dolor; los siniestros campos aparecรญan cubiertos de charcos sanguinolentos, donde los muertos eran envueltos con un barro rojizo que cubrรญa los inanimados cuerpos. No habรญa piedad, y todos fueron cayendo frente a la superioridad de aquellos que llegaron como una sombra, deslizรกndose entre los รกrboles que mรกs tarde derribarรญan, debilitando la voluntad de los que veรญan a sus deidades vencidas por unos extraรฑos incapaces de reverenciar un mundo tan ajeno a sus creencias.

            El cuerno seguรญa aullando a la espera de refuerzos, unos que jamรกs llegaron debido a unas bravas aguas que engullรญan a todos los salvadores, haciendo que los sonidos por auxilio se fuesen apagando, quedando tras el horror un amargo silencio tan solo perceptible por aquellos que jadeaban tras la victoria.

            Enmudecieron el cielo y el mar; ese Mar del Norte callรณ. Ahora solo los espectros poblaban unas aguas, que ansiaban cruzar para ir a reunirse con aquellos a los que no pudieron salvar, para ascender todos juntos al lugar donde la mezquindad, el horror y la sinrazรณn no les podrรญa alcanzar. La brillante Estrella del Norte, portada por la Gran Dama Blanca, les guiarรญa en su camino, haciรฉndoles llegar libres de todo mal a su destino final. Una vez allรญ y cumplida su misiรณn, Nehalennia se evaporarรก como el agua de lluvia en un dรญa de sol; consumido su poder por el olvido, irรก a habitar a lugares sin nombres hasta que la cordura regrese a la tierra. Entonces serรก cuando su fama, al igual que la de los dioses de antaรฑo, acudirรก a la memoria de aquellos que, olvidando tiempos pasados, pretenden construir un futuro. Tiempos presentes y por venir, tambaleรกndose sobre pies de barro, que harรกn que un dรญa volvamos la vista atrรกs, haciendo de nuevo tronar los cuernos, pero entonces quizรก, ya sea tarde.

            Al sur del sur, esperando el regreso de un mundo idรญlico, aรฑorando una รฉpoca no vivida con el deseo de que mi etรฉreo ser, al final de mi tiempo, repose en las Tierras del Norte. Mientras tanto, mi alma enclaustrada seguirรก gritando por una libertad no encontrada.

¡¡¡Adelante!!!

 

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POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025

Prohibida la reproducciรณn total o parcial del material incluido en este blog sin la autorizaciรณn de la autora. 

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