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| Elizabeth Bรกthory segรบn un retrato del siglo XVII Dominio wikipedia |
Yo no quise que las cosas ocurrieran de esta forma, pero los acontecimientos se fueron sucediendo y no pude, no supe, o quizรก no quise cambiar un destino que venรญa trazado desde antes de yo existir. Diferentes senderos que se mostraban ante mis fascinados ojos, dejรกndome arrastrar en mi debilidad por el que, de forma seductora me ofrecรญa una vida lozana, llena de vigor, pero que al mismo tiempo, estarรญa teรฑida por la sangre de los inocentes que venรญan a caer en mis redes. Una tela de araรฑa astutamente tejida y de la que era imposible huir, un cruento sacrificio necesario para que yo pudiese prolongar mi belleza y juventud, mรกs allรก de lo que es natural en nuestra especie.
Tan joven, tan bella, quedรฉ sola y abandonada a mi suerte entre los desnudos muros del castillo, los frรญos dรญas parecรญan no tener fin, aquel que fuera mi compaรฑero por tiempo me abandonรณ, no por voluntad propia, sino porque el destino cruel asรญ lo quiso, su aliento vital le fue arrebatado en un acto despiadado dejรกndome su partida inmersa en una oscuridad infinita. Mi Caballero Negro marchรณ, la enfermiza muerte me robรณ sus besos y caricias, sus palabras que deleitaban mi ser, haciendo que mi cuerpo se estremeciese por la dicha de sentir su hombrรญa dentro de mรญ, dejando mi mente a merced de fantasรญas tenebrosas que comenzaron a tomar forma a voluntad, fatal destino que se cebaba en mi persona intentando cercenar mi hermosura y esplendor. Yo solo me rebelรฉ ante tanta injusticia, tomando de los jรณvenes cuerpos su esencia, la vitalidad que la vida me iba arrancando con el pasar de los dรญas.
¿Por quรฉ se atreven a juzgarme? ¡Todos hemos de morir algรบn dรญa! Tan solo al tomar lo que me correspondรญa, por derecho de nacimiento, adelantaba en dรญas, aรฑos, dรฉcadas... la partida de este mundo de unas criaturitas, que habรญan tenido la desdicha de no nacer con las cualidades, virtudes y privilegios de una verdadera dama. En vez de vilipendiarme, verme como un ser abominable, deberรญais contemplarme como una dulce mano ejecutora, libertadora del yugo que por su condiciรณn se verรญan obligados a malvivir hasta el fin de sus dรญas. Una existencia llena de penurias y sinsabores, yo les hacรญa tener una muerte รบtil al servicio de su seรฑora, una que necesitaba de su lรญquido vital para que su juventud y vigor no se quebrase, favorecida por una belleza envidiada por todos aquellos que le servรญan para alimentar su piel.
Esbirros sin conciencia, que yo elegรญa astutamente, desechos humanos que me sirven incondicionalmente, conformรกndose con las migajas que me divierte darles. Gente sin escrรบpulos, que por el simple hecho de servirme ya se sienten pagadas, ellos me ayudan a conseguir mis presas, me las preparan para que mi baรฑo se llene con la sangre de las vรญrgenes incautas que, de forma voluntaria, se acercan a mi residencia. Humor espeso cuyo olor embriagan todos mis sentidos, haciendo que mis pulmones se llenen, permitiendo que mi mente vuele a los dรญas felices donde la soledad no era mi compaรฑera, dรญas de placeres compartidos, alejada y protegida por la espesura de las murallas que me aislaban de percatarme de las mรญseras vidas que habรญa al otro lado.
Estar dentro de todo ese lรญquido sanguinolento, embadurnando mi desnudo cuerpo, sentir caer los regueros del fluido entre mis firmes pechos hace que llegue al รฉxtasis, a ese clรญmax que tan solo se experimenta cuando sientes dentro de ti la fuerza por la que te dejas llenar, cuando la apetencia por el sexo asรญ lo requiere. Cuerpos que se desangran mientras las mรบltiples acometidas se suceden, haciendo el acto sรกdicamente placentero al contemplar cรณmo, poco a poco, sus cรกndidos cuerpos exhalan el รบltimo suspiro, aquel que al oรญrlo me lleva a la cima mรกs elevada, cabalgando con frenesรญ hacia la cumbre del placer mรกs exquisito.
Las circunstancias son las que son, siendo ellas las que me empujan a cometer lo que mis detractores luego dieron en llamar horribles crรญmenes. Pero no tuve opciรณn, no podรญa soportar marchitarme, ver que esa execrable decadencia que observaba en otros cuerpos querรญa apoderarse de mรญ. La sangre es el รบnico camino que lleva a la vida, y yo la necesitaba para alargar mis dรญas llenos de belleza, para que la fuerza y el brillo de mis hermosos ojos no se apagasen. Tan solo me atrevรญ a hacer lo que muchos piensan en la oscuridad de sus alcobas, cuando se sienten a salvo de miradas y oรญdos indiscretos que puedan de alguna forma descubrir sus perversos pensamientos, esos que tratan con frรญa hipocresรญa de ocultar detrรกs de mรกscaras de bondad falsa y ficticia. Caretas que todos os empeรฑรกis en poner, para mostraros al mundo como seres llenos de bondad, cuando la realidad es que vuestras mentes estรกn tan podridas como la mรญa.
Simplemente, hice lo que ninguno de vosotros os atrevรฉis a hacer, vuestros miedos, el mundo irreal que os habรฉis fabricado, la pusilanimidad en la que os ahogรกis os impiden cumplir los delirios que la mente os dicta, cubriรฉndolo con un falso manto de buenas intenciones. Yo lo hice, pude atender a los pensamientos que habitaban dentro de mรญ, dejando salir a mis demonios para satisfacer mis deseos, mi necesidad de aferrarme a una vida que se me escurrรญa como el agua entre los dedos.
Capturada, emparedada. ¿Es que no entendรฉis? ¡Mi rostro, mi hermoso rostro se marchita! No tuve opciรณn, podรญa hacerlo y lo hice. Pero ahora aquรญ en mi soledad, siento que injustamente sufro la peor de las muertes, una lenta, agรณnica, teniendo la certeza de que cada dรญa que pasa mi piel pierde tersura, tocando con la yema de mis dedos los surcos que comienzan a aparecer en mi bello rostro. Pudiendo ver ajarse mi escultural cuerpo, mis suaves pechos pierden firmeza, mientras que mi ardiente deseo insatisfecho quema y agita mi interior haciendo que las lรกgrimas baรฑen mis mejillas, sรฉ que mi fin no tardarรก en llegar.
La sangre, sed de sangre, de esa que ya jamรกs mi cuerpo podrรก volver a sentir, aรฑoro su tibieza, su olor, la delicia de su sabor, la hermosura y juventud que me proporcionaba. La angustia se adueรฑa de todo lo que un dรญa fui y ya no volverรฉ a ser, mi confusa mente hace que las inocentes vidas que arrebatรฉ me griten reclamando una justicia que sienten no han tenido, sus cuerpos desangrados aparecen ante mis ojos, pero ahora no me causan placer el verlos, me aterran, me miran de forma acusadora. ¡Quiero que paren! ¡Que desaparezcan esas imรกgenes! Esas sombras que se aproximan atravesando mi alma, intentando engullirme sin mostrar piedad, figuras amorfas que nublan mis sentidos haciรฉndome caer en un delirio que me lleva a la locura. ¿Es que no lo entienden? ¡No tuve opciรณn! ¡Sus vidas me pertenecรญan, nacieron para servirme! Mis gritos agรณnicos llenos de terror no son escuchados, y si lo son a nadie importan.
Vienen a pedirme cuentas todas las vidas que me vi obligada a tomar, tendiendo sus largos y lรญvidos dedos hacia mรญ, sus rostros y cuerpos lacerados reclaman mi vida. Quiero cerrar los ojos, pero no me dejan, el temor me apresa, mi garganta se rompe en gritos pidiendo auxilio, pero nadie acude a ayudarme. La vida se me escapa sintiendo al mismo tiempo secarse todo mi cuerpo, la vejez se apodera de mรญ en minutos, un suplicio que se me hace interminable, con un dรฉbil hilo de voz les supliquรฉ: no tuve opciรณn, ¿es que no lo entendรฉis? No obtuve respuesta y la vida me abandonรณ, viรฉndome sumergida en espesas tinieblas donde me arrastran los espectros de las vรญctimas que me reclaman, llevรกndome a un lรณbrego lugar donde serรฉ desangrada vez tras vez durante toda la eternidad.
Mis enemigos ganaron la batalla, contando historias que me degradan, mentiras para humillarme, verdades sesgadas creรญdas por aquellos que no reflexionan y engullen todo lo que les llega, estรบpidos hambrientos de sensacionalismos que se dejan manipular por lo que se les presenta como veraz. Odiada y temida fui, admirada y reverenciada de nuevo serรฉ, cuando el tiempo que estรก por llegar haga que resurja con mรกs fuerza que antaรฑo. Entonces, el mundo temblarรก.
Yo soy Isabel Bรกthory.
La Condesa Sangrienta.
POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2025
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