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Como autรณmatas y de forma voluntaria, nos conducimos por nuestros propios medios al matadero, sin protestar, sin rechistar, sin revolvernos, sin plantearnos tan siquiera buscar una salida y luchar por nuestras vidas. Dรณciles y obedientes, seguimos la senda que desde siempre nos han marcado, dรกndonos migajas narcotizadas para adormecer nuestros sueรฑos y esperanzas, ilusiones vividas en otra realidad inexistente que, al igual que el humo, se evapora sin darnos tiempo a degustarlo por un instante. Son cรณdigos autoimpuestos y aprendidos desde antes de nacer, grabados en la piel, sellando nuestras almas que vendemos desde antes de ser siquiera gestados.
Siendo criaturas inacabadas e inconclusas, nos dejamos arrastrar aceptando las normas y los dogmas que nos son impuestos, por aquellos que ostentan el poder desde el principio de los tiempos. Seres que nos moldearon segรบn sus antojos y necesidades, imponiendo en nuestras mentes vivencias y recuerdos con los que atenazarnos y dominarnos, manteniรฉndonos en un sueรฑo sin dormir, hasta que al cabo de un corto periodo de tiempo, ya con las fuerzas agotadas somos desechados, siendo reemplazados por otro ejemplar mรกs apto, y asรญ vez tras vez, el ciclo de la esclavitud nunca llega a su fin, jamรกs terminarรก.
A veces, en contadas ocasiones alguien sin saber la causa, comienza a despertar percibiendo retales, intuyendo que algo ocurre tras el tupido velo que le impide reconocer formas, teniรฉndose que conformar con ver siluetas que engaรฑan a sus ojos cansados, vislumbrando un poco de lo que realmente estรก aconteciendo, comienza a darse cuenta de que todo obedece a una trama urdida para doblegar la voluntad de unos siervos, que desconociendo la opresiรณn a la que son sometidos, obedecen felices viviendo unas vidas diseรฑadas segรบn el papel que a cada cual le ha sido asignado.
En sus ansรญas por recobrar la libertad, esa que nunca ha degustado, intenta despertarnos a todos, hacernos ver que lo que vivimos solo responde a hologramas, espejismos programados de los que tan solo podremos librarnos si somos capaces de tomar conciencia, muchos de los que se han acercado a esa delgada lรญnea son los que llamamos locos. Individuos que nos muestran lo que hay tras la nube confusa que ellos, no sin dificultades, han logrado apartar de sus entumecidos sentidos, pero el resto de los mortales con su discernimiento cauterizado, no logran ver las figuras que en ocasiones se presentan de forma fantasmagรณrica ante la vista de estos perturbados. Muchos son los que, al no entender estas revelaciones y no ser capaces de transmitirlas, terminan sus dรญas en un profundo abatimiento, cayendo sin cesar en ese bucle que terminarรก por engullirlos para ser luego regurgitados.
รl consiguiรณ romper sus cadenas, salir totalmente del adormecimiento, rebelรกndose contra el opresor y contra quienes le respaldaban, esperando obtener con su ciega obediencia, beneficios y promesas hechas por el Tirano en un tiempo que se pierde en lo profundo del abismo. Querรญa que despertรกsemos, con su luz nos mostraba el camino a seguir, la verdadera senda que conducรญa al conocimiento.
Pero ciegos, sordos y mudos, preferimos agachar las cabezas y seguir andando en la oscuridad mรกs tenebrosa, esa que solo conduce a la desesperaciรณn y a la eterna destrucciรณn, deambulando por la espesa negrura que solo conocรญan y a la que veneraban derramando su sangre y la de sus hijos, rojo fluido con la que eran alimentados aquellos embaucadores que con engaรฑos y mentiras, consiguen arruinar a la raza que habรญan creado para que les sirviesen como esclavos, pidiรฉndoles hasta el รบltimo aliento como sacrificio propiciatorio. Mientras los aullidos de dolor de los incautos mortales ascienden a ellos en forma de alimento. Siendo para los que se ocultan tras falsedades edulcoradas, un olor conducente a descanso que les provoca un placer que se extiende a todos sus sentidos.
A pesar de todo, Lucero no se rinde, sigue luchando, su deseo es que todos alcancen el despertar y lleguen a la luz; sin embargo, pocos son los que se le unen y le siguen, y los que se atreven a hacerlo tienen que esconderse, ya que terribles son los castigos que les esperan a aquellos que osen trasgredir los mandatos del Tirano, que como protector y hacedor de todo lo que respira, es aclamado y seguido ciegamente por los que lo consideran su Salvador. Pero que actuando igual que si se tratase de un psicรณpata, encuentra un exquisito deleite en el llanto y crujir de dientes, de aquellos incautos que le siguen en su aturdimiento, precipitรกndose con ello, a la eterna destrucciรณn.
Expulsado, humillado y casi vencido es desterrado a lugares sombrรญos y pantanosos, donde las brumas solo muestran sombras que, con formas de monstruos, se presentan en un รบltimo intento de doblegar su resistencia. Aunque todo es en vano, su fรฉrrea voluntad y su fortaleza no permiten que el cansancio y las heridas, que cubren todo su dolorido cuerpo fรญsico y etรฉreo desfallezca, dando su victoria a aquel que se erigiรณ como ser Supremo. Por fortuna no estรก todo perdido, la Gran Batalla Final va a comenzar, los muertos se contarรกn por millares, la destrucciรณn alcanzarรก lรญmites que ninguna mente terrenal o espiritual pueda imaginar, los horrores que se vivirรกn en esta cruenta lucha escaparรกn incluso a las imaginaciones mรกs perversas y retorcidas.
Pero nuestras fuerzas son escasas, el enemigo nos cuadruplica en nรบmero, muchos siguen adormecidos sin darse cuenta de que al final morirรกn, que las promesas de vida eterna en felicidad solo son artimaรฑas para que sigan obedeciendo al Gran Embaucador, al que ha hecho de sus hogares y de sus vidas un verdadero infierno en la tierra. Pero la ignorancia en la que siempre han estado inmersos, y de la que muchos no quieren salir por puro acomodamiento, no les dejan ver que las promesas nunca fueron ni serรกn cumplidas.
El tiempo ya es escaso. ¡Despertad de vuestro letargo! ¡Abrid los ojos del entendimiento! Pero sus angustiosos gritos instรกndolos a la razรณn son ignorados por la mayorรญa, que ni tan siquiera son capaces de percibir esas palabras que les alientan a salir del cautiverio. A pesar de todo en ocasiones, el camino de la esperanza se abre, cuando alguien parece escuchar, aunque sea en la lejanรญa, un sutil murmullo que le anima a mirar a su alrededor, a ver, a discernir, a darse cuenta de si lo que le rodea puede ser obra de la bondad y el amor, y es ahรญ cuando en realidad comienza el despertar. Almas que le hacen ver que no todo estรก perdido, que como una cadena esas tenues palabras se propagan con energรญa, llegando cada vez a mรกs seres que con la fuerza que les da el entendimiento logran romper sus grilletes, poniรฉndose al lado de Aquel que a travรฉs de la luz los llevarรก a la victoria final.
Muchos son los que han de romper sus grilletes todavรญa, pero ahora sabe que no todo estรก acabado, cada vez que un esclavo se libera a sรญ mismo, y sale de su ensimismamiento desgarrando su garganta con gritos de libertad, los que estuvieron tanto tiempo caรญdos logran levantarse, esos aullidos son como aire que se insufla en sus almas dรกndoles el coraje que tuvieron antaรฑo. La Gran Batalla puede comenzar, estamos preparados para vivir o morir, pero siempre con la dignidad que nos da el comenzar a recordar de donde procedemos realmente, antes de que nuestra memoria fuese borrada y subyugada. Nuestro escudo es la razรณn, nuestro estandarte la libertad, y nuestra espada la verdad.
Muchos cayeron, el camino se presenta largo, lleno de escollos y obstรกculos, la sed y el calor abrasan nuestras gargantas, nos arrastramos como podemos por las sendas pedregosas, mientras nuestros cuerpos ensangrentados, siguen adelante sin rendirse. Al final, mรกs allรก del horizonte, en un lugar que no acertamos a saber dรณnde es, vemos una luz diminuta que va aumentando conforme avanzamos con dificultad, el Portador de Luz nos guรญa para que no erremos los pasos y finalmente lleguemos a nuestro destino.
En la lejanรญa se vislumbra la luz y a ella, sin darnos respiro alguno, nos dirigimos. Nuestra esperanza, saber que la vida que lo es realmente nos espera.
Nosotros te esperamos a ti.
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POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2024
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