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Llegado el dรญa de la despedida, ese momento en que todo se desvanece enturbiando los sentidos, ese anonadamiento que nos deja en un estado comatoso, que pareciera que lo que existe a nuestro alrededor dejase de existir, haciendo que el tiempo se detenga y nada de lo que acontece sea real. Porque quizรก, eso que pensamos que es la realidad no lo es, siendo tan solo un mal sueรฑo, algo que sucede en otros mundos que no somos capaces de vislumbrar con los ojos que nos han sido dados, esos ojos que no nos dejan ver esas otras realidades que se mueven en nuestro entorno. Esos otros mundos paralelos que fluyen a nuestro lado, que de alguna forma conviven con nosotros, intentando hacerse visibles de forma tan sutil, que se burlan de nuestra ceguera.
Portales a otros mundos, objetos que permiten tan solo a unos cuantos privilegiados asomarse para entrever otras realidades, otras verdades que transitan junto a esta que hemos creado de forma tan nefasta, formada por medio del miedo, de la maldad, de los pensamientos negativos que se moldean en nuestra mente, para luego materializarse y convertirse en esos demonios que nos atormentan, y persiguen de por vida. Esas caricaturas que se engendran por medio de envidias, celos, todo concebido con la fuerza del pensamiento para luego tomar las mรกs perversas de las apariencias. Se apoderan de todo nuestro ser, de nuestro fรญsico que envejece y refleja esos pensamientos impรญos, haciendo que nuestros rostros se tornen en mรกscaras que ni nosotros mismos somos capaces de reconocer, cuando nos atrevemos a mirarnos en un espejo.
Ese espejo que nos devuelve a un ser que nos cuesta saber quiรฉn es, preguntรกndonos dรณnde estรก esa persona que antaรฑo aparecรญa en รฉl, que como un suspiro ha pasado dejando de ser. El transcurrir de los aรฑos deja huellas imborrables que se reflejan en nuestros rostros, surcos que el tiempo en forma de risa burlona marca en nuestras miradas. Un reflejo que delata lo que hemos sido, cรณmo nos hemos conducido en esta vida, que nos hacen ver las huellas que las desilusiones, las penas y las aรฑoranzas han dejado. Ojos apagados, sin vida, sin ilusiรณn, sin la mรกs mรญnima esperanza de recuperar lo vivido o lo que quisimos vivir, la nostalgia de todo lo pasado y de todo lo que no pasรณ. Porque, aunque para algunos pueda parecer extraรฑo, sรญ se puede sentir una inmensa nostalgia por lo no vivido, por esas ilusiones frustradas, por ese camino que se intentรณ tomar y que al final escapรณ, haciendo que nuestros pasos se encaminasen por senderos que nos condujeron por la aridez, de la que no supimos escapar.
Nos quedan los sueรฑos, para ver certezas o ilusiones de las que muy pocos pueden dar cuentas. Pasar a esos otros mundos, ficticios o no, cruzar a ese otro lado donde el mundo se presenta de una forma tan diferente, que tan solo los que lo han vislumbrado a travรฉs de sus sueรฑos, por medio de un estado alterado de conciencia, han conseguido verlo. Nos dejaron sus notas en forma de cuentos, de poemas, de relatos, de mรบsica, de pinceladas coloreadas y hasta de sueรฑos, para no ser tomados por locos, para ellos mismos no pensar que sus visiones eran producto de una enajenaciรณn, que en muchas ocasiones se antojaba mรกs hermosa que la realidad que les apresaba el alma.
Alicia lo hizo o, ¿fue un sueรฑo?... Fue capaz de atravesar a ese otro lado, ese fino velo que en contadas ocasiones se rasga, para que los que aรบn tienen un poco de esperanza, puedan traspasarlo y vislumbrar lo que allรญ existe. Seres de otras dimensiones, de otros mundos que conviven de forma silenciosa junto al nuestro, no queriรฉndose mezclar con nosotros por temor a que tambiรฉn destruyamos su lugar. Tal vez sea cierto eso que dicen que todo son simples historias, que esos mundos paralelos solo existen en la mente de los lunรกticos, de locos que intentan escapar de esta realidad que atormenta sus mentes, o quizรก sea eso lo que quieren que creamos, que tan solo existe esta realidad, una sola, un solo mundo al que hay que conformarse con la suerte que a cada cual le toque vivir, o malvivir.
Puede que sea eso lo que quieren que pensemos, en una forma de protegerse de aquellos que sin saber juzgan, de aquellos que si descubriesen ese mundo idรญlico, ese portal, la llave con la que entrar, intentarรญan destruirlo, utilizarlo para sus pรฉrfidos fines. Difรญcil es cruzar esos espacios que se pierden en la delgada lรญnea del tiempo, para ellos menos, sobre todo en ciertas รฉpocas del aรฑo. ¿Cuรกl de esos mundos es real? ¿El nuestro, con nuestras mentiras, traiciones, destrucciรณn, sangre y muerte; o esos otros que se presentan en los sueรฑos, de los que sin ver contemplan otras realidades que se muestran ante sus ojos?
Lo cierto es que desde el mismo momento en que nacemos ya estamos envejeciendo, ya estamos muriendo. En ese mismo momento la cuenta atrรกs comienza y es imparable, las huellas que el tiempo deja en nuestros rostros, en nuestras almas, son la prueba evidente de la maldad en la que estamos inmersos desde el mismo instante que vemos la luz por primera vez. Una luz que convertimos en oscuridad, caminando sin rumbo y a ciegas todo el tiempo que dure la existencia en esta realidad, que hemos forjado de forma tan efรญmera. Envejecemos, enfermamos, morimos porque asรญ lo hemos asumido, asรญ lo hemos querido.
Nuestra innata maldad es el resultado de nuestro dejar de existir, algo tan malvado no puede ni debe ser inmortal, algo tan inicuo algรบn dรญa no demasiado lejano dejarรก de existir para siempre y entonces, quizรก esos otros mundos se manifiesten en libertad sin temor a ser destruidos por nuestras miserias, sin miedo a ser contaminados por nuestros delirios de grandeza, nuestra soberbia y estupidez nos conduce de forma inexorable al fin.
La noche adormece los sueรฑos, esos que nunca llegarรกn y que solo quedarรกn en lo mรกs recรณndito de nuestro ser, nunca florecerรกn porque ya todo estรก perdido, el tiempo de la esperanza, de los sueรฑos, de las oportunidades pasaron, las ilusiones rasgadas desgastan una vida que en realidad, no lo es. Ya solo queda esperar lo inevitable. Esos mundos que no existen, que no son, que tan solo quedan en la mente de los perturbados, tomarรกn su lugar. La noche adormece los sueรฑos, sigamos adormecidos, sigamos soรฑando, ya que es lo รบnico que nos queda. Al final el silencio con su manto lo envolverรก todo, y eso serรก lo รบnico que nos quede, el silencio. Son sueรฑos que lo mismo que juguetes rotos se agolpan en nuestra memoria, evaporรกndose como recuerdos lejanos que dejaron de ser, golpeรกndonos con una llamada realidad que nos hiere el alma hasta hacernos exhalar gritos agรณnicos, que llegan a esos otros mundos perturbando la paz de los que allรญ moran, despertando en ellos, a veces la compasiรณn, otras la indiferencia y las mรกs de las veces molestando a esos seres que ven perturbada su existencia, su paz y su armonรญa.
En ocasiones, por pura piedad, algunos sienten deseos de tendernos sus manos para salvarnos de nuestras zozobras, manos que rara vez somos capaces de sentir y aรบn menos asirnos a ellas, tan solo unos pocos despiertos se aferran a ese salvavidas de forma desesperada. ¿Cรณmo aceptar consuelo y ayuda de lo que no somos capaces de ver? Ciegos y sordos seguimos nuestro camino, dirigiendo nuestros pasos hacia un precipicio que de forma inequรญvoca, nos hace caer en un abismo que nos impele a girar sin cesar para conducirnos a ninguna parte, para encontrar tan solo el desconsuelo, las esperanzas perdidas y las ilusiones hechas jirones que desangran todo nuestro ser. Todo escondido tras la falsa mรกscara de la sonrisa, de las palabras amables y dulces, ocultando nuestro verdadero sentir con fingimientos de positividad y bienestar.
Pero aquellos que saben ver con los ojos del corazรณn no son engaรฑados, no son embaucados por las mascaradas, en cada sonrisa, en cada palabra, saben ver, saben leer lo que detrรกs se esconde. Solo hay que mirar a los ojos, perderse en las profundidades de ellos para saber penetrar, para comprobar el dolor, las laceraciones y heridas que se intentan ocultar tras las fingidas sonrisas. Pero muy pocos saben percibir esto, muy pocos son los que se paran a escudriรฑar, a mirar, porque ya casi nadie mira a los ojos, puede que para no ver reflejado aquello de lo que desean escapar con desesperaciรณn, otros quizรก para poder seguir mintiendo sin sentir remordimientos, para quedarse solo en lo superfluo y en palabras vanas, carentes de significado y sentido.
El deseo de no saber, de no querer descubrir la verdad de lo que se oculta tras esas miradas, que, aunque intenten esconderse tras sonrisas y palabras de felicidad, son delatadas por la tristeza que la profundidad de sus ojos reflejan, calmando, buscando quien sepa leer, quien quiera ver mรกs allรก, quien ansรญe y anhele atravesar ese velo que les harรก adentrarse en la realidad en la que se hallan inmersos. Nunca confรญes en alguien que no mira a tus ojos, nunca confรญes en quien no quiere ni desea ver, nunca confรญes en quien desvรญa su mirada al expresar lo que siente, lo que piensa. Quien no quiere entrar en tu alma no merece tu confianza, ni tu tiempo, ni tus ilusiones, porque todo lo harรก pedazos, quebrarรก tu alma hasta intentar no dejar nada de ella.
Cuando la noche adormece los sueรฑos y el descanso llega, es el momento de dejarnos mecer, de olvidarnos de los sinsabores, de quitarnos el disfraz y dejarnos ver. Cuando la noche adormece los sueรฑos y la brisa nos cubre con su manto, podemos ser nosotros mismos sin miedo a tener que protegernos de aquellos, que tan solo pretenden quebrantar nuestro espรญritu, la verdadera esencia de la que estamos hechos.
Son en esos sueรฑos cuando podemos atravesar el espejo, y dejarnos arrastrar en una espiral que nos lleve donde los sueรฑos dejan de serlo, donde todo es posible porque el miedo no existe. Donde todo y nada es lo que parece, donde los disfraces se suceden y cada cual toma el papel que quiere o, no quiere representar.
Es tiempo de dormir, es tiempo de soรฑar, de atreverse como Alicia a traspasar el umbral. La noche llegรณ y el frรญo cala mis huesos, el adiรณs es definitivo. La Seรฑora de la guadaรฑa me acaricia con sus tibios dedos. Cansada, me dejo llevar.
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POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2024
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