๐™‡๐™–๐™จ ๐™๐™ช๐™š๐™ก๐™ก๐™–๐™จ ๐™™๐™š ๐™ก๐™– ๐™™๐™š๐™จ๐™ค๐™ก๐™–๐™˜๐™ž๐™ค́๐™ฃ.


Corrรญa el aรฑo 1348, una gran epidemia asolaba nuestra ciudad, el hedor insoportable se metรญa en cada poro de la piel de todos los que, con sus caras desencajadas por el terror, aรบn no se atrevรญan a deambular por las calles. Los cuerpos hacinados dispuestos como troncos de leรฑa esperaban el turno para arder y elevar sus cenizas hacia un cielo en busca de clemencia. Rezos casi inaudibles, susurros de aquellos que temรญan levantar sus voces por miedo a enfadar todavรญa mรกs, si eso fuese posible, a ese dios que de forma tan inmisericorde nos castigaba por, a saber, quรฉ pecados.

    Mientras tanto, en la hoguera, el crepitar de los huesos, el chirriar de los dientes de los que contemplaban tan espectral espectรกculo, se sucedรญan igual que si fuese una broma macabra. Los ojos desencajados de aquellos que, sin estar todavรญa muertos, transitaban las calles en busca de un rostro que les aliviase sus รบltimos momentos, solo encontraban terror, desprecio, e incluso la furia de aquellos con los que se cruzaban. No hay salida, todo estรก perdido, el enemigo a vencer es demasiado fuerte, sus armas nos aguijonean provocando en nuestros cuerpos heridas imposibles de curar. La sangre putrefacta riega las calles, infectando todo lo que encuentra a su paso, haciendo que la vida se extinga de forma tan lenta que duele tan solo pensarlo.

    El olor de la chisporroteante carne chamuscada hacรญa que a algunos se les hiciese la boca agua, ¡era tanto el tiempo que llevaban sin probar bocado! En la locura del momento, las almas atormentadas se dejaban llevar por el รฉxtasis y la lujuria que sus mentes siempre habรญan albergado, pero que el yugo impuesto por una sociedad hipรณcrita y represiva hizo que muchos olvidasen, dejรกndose seducir y cayendo en el abismo, ocasionando que la ceguera que albergaban en sus corazones nublase sus sentidos. En el delirio, sin darse casi cuenta, se precipitaban a lo mรกs profundo y, caรญan...

    Tirados en la calle, con la รบnica esperanza de exhalar el รบltimo suspiro cuanto antes para asรญ terminar de una vez por todas con la lenta agonรญa, se encontraban desvalidos los que sin desear estar estaban. Lejos quedaba la esperanza, olvidados los sueรฑos, la mirada vacรญa mirando hacia la nada, allรก en el horizonte fantaseando quizรก, recordando tiempos mejores, donde la vida, aunque dura nos dejaba un resquicio para ilusionarnos, para albergar un poco de calidez con los que calentar los machacados huesos en las noches de frรญo intenso.

    Ahora ya, con la mirada y la mente embotada, vemos la dura realidad abofeteรกndonos con saรฑa. Su rostro, que ve reflejado en un nauseabundo charco, muestra toda la amargura, toda la desesperaciรณn del que se sabe vencido, del que tan solo anhela el descanso eterno. Mientras espera su destino, en su cabeza retumba como un eco lejano, los gritos desgarrados, llenos de espanto, de los que todavรญa tienen fuerzas para percibir la realidad que inunda sus almas y les cala, hasta lo mรกs recรณndito de su piel.

    Frente a este terror, amargura, soledad y muerte caminan de forma furtiva, casi deslizรกndose como sombras en pequeรฑos grupos o a solas, seres fantasmales que no temen ni a la vida ni a la muerte, son los desheredados, aquellos que han vivido siempre transgrediendo las normas mรกs elementales, aprovechando cada infortunio de los congรฉneres con los que se cruzan. Tanta es su perversiรณn, que incluso aquรญ en esta desolaciรณn encuentran รกnimos para seguir con sus fechorรญas, y entre risotadas y chanzas no dudan en robar, ultrajar o divertirse de cualquier forma con aquellos desdichados que se cruzan en su camino. Son los espectros, causantes de mรกs terror entre la gente de bien que la propia enfermedad, mejor morir que caer en sus garras.

    Nos rodean, por un momento creemos que la salvaciรณn estรก cerca, casi podemos acariciarla con la yema de los dedos, un rayo de luz vuelve a iluminar nuestros vejados rostros, pensando que vienen a rescatarnos de tan desastroso destino. Pero pronto la realidad nos lacera el alma, desgarrando con gritos agรณnicos nuestras gargantas. Su misiรณn no es otra que exterminarnos, la escoria y la podredumbre no debe extenderse mรกs allรก de estos muros. La ciudad arde, no hay escapatoria, muchos en su desesperaciรณn deciden poner fin a sus vidas antes que las llamas rocen sus cuerpos, o los de sus seres queridos.

    Las lรกgrimas lo inundan todo, no dejรกndonos ver ni tan siquiera el ceniciento cielo que cubre nuestras cabezas, elevamos una รบltima sรบplica llena de rabia, voces rotas que se unen en una sola, pero nadie responde a nuestro dolor. Todo duerme, los gritos cesan, los espectros regresan saciados de la sangre de los desdichados a sus guaridas. La calma cae sobre la ciudad como una maldiciรณn, los gemidos, los susurros se debilitan hasta apagarse. Ya nadie lucha contra lo inevitable, nos entregamos cansados y hastiados. El manto de la muerte cubre toda la ciudad, todo ha terminado. Ya no hay lรกgrimas, nuestros ojos se secaron. Nuestras gargantas, desgarradas por tanto dolor, dejan de emitir sus lastimeros quejidos.

    Nos miramos con dulzura con la certeza de que no es el fin del camino, es el comienzo. Nuestros labios resecos se nutren de la savia de esa otra vida, fundiรฉndose con pasiรณn en un beso que habrรก de durar por toda la eternidad. La felicidad nos inunda porque entendemos.

    Por fin, descansamos en paz.





~*~



POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2024

Prohibida la reproducciรณn total o parcial del material incluido en este blog sin la autorizaciรณn de la autora. 


















Comentarios

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

๐™ˆ๐™–๐™ง๐™ฎ ๐˜ผ๐™ฃ๐™ฃ ๐˜พ๐™ค๐™ฉ๐™ฉ๐™ค๐™ฃ: ๐™€๐™ก ๐˜ผ́๐™ฃ๐™œ๐™š๐™ก ๐™ค๐™จ๐™˜๐™ช๐™ง๐™ค ๐™™๐™š ๐™ก๐™– ๐™€๐™ง๐™– ๐™‘๐™ž๐™˜๐™ฉ๐™ค๐™ง๐™ž๐™–๐™ฃ๐™–.

๐‘ถ๐‘บ๐‘ป๐‘จ๐‘น๐‘จ: ๐‘ญ๐’Š๐’ ๐’…๐’†๐’ ๐’Š๐’๐’—๐’Š๐’†๐’“๐’๐’.

๐™Ž๐™ค๐™ข๐™—๐™ง๐™–๐™จ ๐™™๐™š๐™ก ๐™–๐™ฎ๐™š๐™ง.

๐‘ฝ๐’๐’๐’—๐’‚๐’Ž๐’๐’” ๐’‚ ๐’†๐’Ž๐’‘๐’†๐’›๐’‚๐’“

๐‘ฌ๐’ ๐’…๐’‚๐’๐’•๐’†๐’”๐’„๐’ ๐’‡๐’Š๐’๐’‚๐’ ๐’…๐’†๐’ ๐‘ฏ๐’Š๐’๐’…๐’†๐’๐’ƒ๐’–๐’“๐’ˆ.

๐‘ด๐’‚๐’ƒ๐’๐’: ๐‘ณ๐’‚๐’” ๐‘ฏ๐’๐’‹๐’‚๐’“๐’‚๐’”๐’„๐’‚๐’” ๐’…๐’† ๐’๐’‚ ๐‘ฝ๐’Š๐’…๐’‚.

๐‘ฎ๐’Š๐’๐’๐’†๐’” ๐’…๐’† ๐‘น๐’‚๐’Š๐’” ¿๐‘บ๐’‚́๐’…๐’Š๐’„๐’ ๐’‚๐’”๐’†๐’”๐’Š๐’๐’ ๐’…๐’† ๐’๐’Š๐’̃๐’๐’”?

๐‘ช๐’๐’๐’„๐’†๐’‘๐’„๐’Š๐’́๐’ ๐‘จ๐’“๐’†๐’๐’‚๐’. ๐‘ท๐’Š๐’๐’๐’†๐’“๐’‚ ๐’…๐’†๐’ ๐’‡๐’†๐’Ž๐’Š๐’๐’Š๐’”๐’Ž๐’ ๐’†๐’ ๐‘ฌ๐’”๐’‘๐’‚๐’̃๐’‚.

๐‘ฉ๐’†๐’๐’•๐’‚๐’๐’†: ๐‘ญ๐’–๐’†๐’ˆ๐’ ๐’š ๐‘ณ๐’–๐’›.