๐๐ ๐๐๐จ๐ฉ๐ค๐ง๐๐ ๐๐ค๐ข๐๐๐ฃ๐ฏ๐, ๐๐จ ๐๐ก ๐ฅ๐ง๐๐ฃ๐๐๐ฅ๐๐ค.
La luna vestida de rojo sangre anunciaba que era el dรญa, el tan esperado y deseado dรญa en que los gritos y aullidos se sucederรญan hasta el alba, baรฑando las ciudades con los preciados fluidos que cada ser humano porta en su cuerpo y que como vital alimento, esas criaturas รกvidamente necesitan devorar para poder subsistir.
Tan solo los astros de la noche eran testigos mudos, que asistรญan al fin de una especie que es diezmada, para que la antigua y primigenia de todas vuelva a tomar el dominio de lo que, en una รฉpoca, que se pierde en la memoria de los tiempos, les perteneciรณ. Es tiempo de recuperar lo que antaรฑo fue nuestro, es tiempo de retomar nuestras vidas, eliminando y exterminando a los que igual que una maldita plaga han usurpado nuestro lugar por demasiados siglos. Nuestros afilados dientes, solo conservarรกn a los mejores especรญmenes para que sirvan de alimento a los nuestros por el tiempo necesario hasta que dejen de ser รบtiles, ganado inmundo que con el tiempo serรก sustituido por algo mejor.
Ni sus gritos ni
sus aullidos, quejas o sรบplicas, conmueven nuestros cauterizados
corazones. La batalla ha comenzado y nosotros, tanto tiempo
perseguidos, decidimos unirnos para tomar el control de lo que a base
de sangre y sufrimiento nos fue arrebatado, cuando el mundo empezaba
a desperezarse para iniciar su andadura. Es hora de eliminar, casi en
su totalidad, a la despreciable raza que tan injustamente nos
desposeyรณ de nuestra dignidad, del derecho a nuestra inmortalidad,
intentando que nos sometiรฉsemos a sus tan estรบpidas y pueriles
leyes, mojigaterรญas llenas de hipocresรญas, maldades y falsedades
que ni ellos mismos creen ni cumplen, pero que esperan sean
obedecidas con total ceguera por aquellos que intentan doblegar bajo
pena, si no se obedecen, de ser quemados por toda la eternidad por un
justiciero dios en unos fuegos que ni ellos mismos piensan
existan.
Pero nosotros no creรญmos, ni nos asustaron sus
bravatas, ni nos amedrentamos, menos aรบn nos doblegamos a sus
caprichos, por eso nos vimos obligados a huir, nos escondimos en la
oscuridad, siendo ella nuestra aliada y nuestra fiel compaรฑera.
Huimos donde nadie querรญa habitar, lugares llenos de podredumbre, de
miseria, oquedades mal olientes que acomodรกbamos para darle
apariencia de habitabilidad, viรฉndonos en no pocas ocasiones
obligados a cohabitar con los cuerpos inertes que, a veces, con
demasiada frecuencia eran echados en nuestros lugares de refugio.
Pocos rincones nos dejaron para escondernos, los desiertos, territorios helados, donde los dรญas y las noches se sucedรญan entre sollozos y aรฑoranzas, entre el odio y la rabia mal contenida. Esos parajes donde los llamados humanos casi no podรญan sobrevivir se convirtieron en nuestras casas, en lo que a veces para poder seguir adelante dimos en llamar hogar. Allรญ relegados como apestados que no merecen una vida mejor, nos alimentรกbamos con lo poco que caรญa en nuestras manos, acercรกndonos muy de vez en cuando a las poblaciones que se vislumbraban en la lejanรญa, esperando que algรบn incauto pisase nuestras tierras, individuos en busca de aventuras, comerciantes, viajeros que encontraban en su osadรญa un final que nunca hubiesen ni imaginado ni deseado. Pero un festรญn asรญ jamรกs era despreciado, era recibido con alegrรญa y fiestas. Un dรญa especial de algarabรญa, que venรญa a romper la dura monotonรญa en la que nos encontrรกbamos inmersos.
El tiempo pasรณ, las dรฉcadas, los siglos se iban sucediendo mientras nuestros ojos contemplaban con horror como la tan despreciable especie iba dominando todo, arrasando sin control cuanto encontraba a su paso de forma indiscriminada. Hace mucho tiempo, tanto que ya no recuerdo, mi memoria flaquea conforme los dรญas se suceden, pero hace mucho que mi raza cometiรณ un gran error, uno que aรบn estamos pagando, uno al que habrรก que poner remedio por el bien de los nuestros.
Subestimamos a los humanos, nos creรญmos fuertes, poderosos y en nuestra ignorancia pensamos que ambas especies podrรญan convivir en paz, respetando las zonas que nos habรญan sido asignadas, sin molestarnos los unos a los otros, la tierra en su inagotable generosidad nos ofrecรญa espacio suficiente para todos. Pero la avaricia, la codicia hicieron que al poco quisieran quedarse con todo, con lo suyo y con lo ajeno. ¡Humanos! Asรญ de despreciables son, pactos y promesas fueron rotos unos tras otros, los nuestros fueron perseguidos, buscados, cazados. En su afรกn por destruirnos, encontraron la forma de vencer nuestra tan envidiada inmortalidad, llevando a cabo los mรกs aberrantes y espantosos experimentos para conseguir lo que su naturaleza sabiamente les negaba. En su rabia, en su furia, lograron acabar con muchos de los nuestros, nuestra inmortalidad, fuerza, valor y coraje ponรญa en evidencia todo aquello que anhelaban y de lo que carecรญan.
Nos cogieron por sorpresa, rodearon nuestras ciudades y les prendieron fuego, habรญa que terminar con los diablos que no mueren, decรญan en sus delirios llenos de odio. Ardimos como antorchas dรญas enteros con sus interminables noches, los gritos y alaridos de los nuestros llenaron toda la tierra hasta que poco a poco fueron dejando paso al silencio, al descanso, al reposo que viene unido a la desesperaciรณn. Paulatinamente el dolor cesรณ, los cuerpos irreconocibles, retorcidos humeaban llenรกndolo todo con un nauseabundo olor.
Pocos pudimos escapar de tan salvaje genocidio, al ver las muecas retorcidas, los ojos sanguinolentos y desencajados de aquellos que amamos, y que ahora se presentaban a nuestra vista como si fuesen sacos pรบtridos y mal olientes, despertaron en nosotros los mรกs dispares sentimientos. Enmudecimos ante tanto horror, nuestras gargantas atenazadas por el dolor eran incapaces de emitir sonido alguno. Pero poco a poco, el espanto fue transmutando en el mรกs profundo de los odios, nuestra sed de venganza algรบn dรญa serรญa saciada. Les dejarรญamos crecer, tomar el dominio, pensar que habรญan terminado con nosotros, esperarรญamos a que su memoria olvidase que un dรญa fuimos reales, que existimos, haciรฉndoles creer que solo en sus estรบpidos cuentos tomamos forma.
Nuestra fuerza es su olvido, su ignorancia, su absurda racionalidad, mientras tanto nos alimentamos de vosotros, de vuestros sueรฑos y esperanzas, anhelos y deseos, nuestro manรก es vuestra debilidad, vuestro afรกn al dar valor a lo que no existe y de negar lo que es.
La hora ha llegado al fin, son ellos o nosotros, la decisiรณn estรก tomada. ¡Temed al dรญa! ¡Temed a la noche! ¡Temed a vuestros sueรฑos! Porque se convertirรกn en pesadillas de la cuales no despertarรฉis. Verรฉis a los vuestros morir de forma atroz, para despuรฉs perecer junto a ellos. El dรญa que todo termine podrรฉ por fin descansar, recuperarรฉ quizรก, la tranquilidad que estos siglos de odio y dolor me negaron. Me recogerรฉ para ir a desaparecer en las brumas que el tiempo marcรณ, para fundirme con el ocaso en la inmensidad del olvido.
Todo terminรณ, Abel y los suyos han caรญdo por siempre. Ya no son necesarios, su memoria se perderรก sin quedar nada de su recuerdo, su huella serรก borrada, su efรญmera existencia y su pasado aniquilados. Hoy un nuevo amanecer comienza, somos Hijos de Caรญn, somos la Raza perfecta, los escogidos por los Antiguos, dignos descendientes de los Caรญdos.
La tierra nos pertenece. La historia comienza, es el principio.
Hoy comienzo a vivir.
~*~
POR ROSA SANTIZO PAREJA © 2024
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Fantรกstica composiciรณn literaria corta.Intrigante.
ResponderEliminarGracias guapa ๐
EliminarMe gustรณ, abrazos
ResponderEliminarGracias Rafael. Un abrazo.
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